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Sala de estar, de la mansión Trancy

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Sala de estar, de la mansión Trancy

Mensaje  Alois Trancy el Lun Sep 26, 2011 2:43 pm

Con normalidad, aquí se reciben "amablemente" a los invitados del conde Trancy
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Alois Trancy

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Re: Sala de estar, de la mansión Trancy

Mensaje  Alois Trancy el Lun Sep 26, 2011 2:49 pm

El envidioso adulto miraba un poco celoso al bello Alois, este tomaba de forma elegante la taza de porcelana Española y bebía de ella el delicioso té que Claude había preparado. El muchachillo tenia una belleza extremadamente atrayente, pensaba Arnold, demasiado detallada lucia como todo un Trancy, él mismo confiaría plenamente en la historia del menor si no fuera por esa mirada: tan cambiante, a un buen observador le brindaría poca confianza el contemplarla.

-¿no fue de tu agrado el té tío Arnold?- pregunto con un “lindo” tono de voz al percatarse del constante observar

-no, no es eso … realmente …- contesto al tiempo que tomaba la tasa entre sus manos- contesto.

-oh ...- musito- entiendo, seguramente esperabas encontrarme en peores condiciones ¿verdad? … si, a veces los médicos pueden equivocarse –con aquellas palabras había dejado en claro que conocía a la perfección los planes del otro. Se levantado y entre los libros de la habitación buscaba uno en particular cuando lo hayo se sentó de inmediato a un lado del adulto- comenzare…

-claro, escuchare con gusto- de forma mentirosa el adulto aparento estar interesado en Alois- pero … ¿acaso no podríamos tener mas privacidad?- refiriéndose al atento mayordomo que cuidaba de su amo, tener al muchachito aparentemente ingenuo solo haría todo más fácil.

El rubio miro de perfil al demonio, sonrió, el sol casi matutino que entraba por los cristales del ventanal resplandecía cálidamente sobre el mayordomo, quiso apreciarlo un poco mas pero debía darse prisa; el estar junto a ese viejo le aburríademasiado.

-no, Claude no es como cualquier siervo en esta mansión … su cercanía es bastante necesaria para mi… ahora mejor escucha esto que te contare… es una historia bastante interesante- la mirada del menor se enmarco con un poco de melancolía, sus delgadas manos abrieron el libro – “En los hermosos años en los que nuestra justa y sabia reina Victoria gobernaba Inglaterra, los nobleza luchaba por mantener un alto control sobre todo lo que deseaban, un hábil noble amaba coleccionar bellas mariposas aquello le agradaba. Con ellas hacia prácticamente todo lo que quería, si su deleite crecía podía enterrarlas vivas a un alfiler colocándolas tras un pulido cristal dejándolas siempre a merced de sus deseos.- el joven rubio voltio con delicadeza la pagina, Arnold le miraba un tanto confundido, aquel libro llevaba las hojas totalmente en blanco “¿seria otro delirio?” pensó provechosamente y continuo escuchándolo –un dia con excepción de una, todas las mariposas enfermaron y murieron. El ya viejo coleccionista estaba furioso, le molestaba conservar solo a una de ellas, inmediatamente hizo que la trajeran delante de su presencia; aquel mísero hombre quedo completamente loco al observar la belleza que ahora lucia y emanaba de la única sobreviviente. El hombre sintió como un posesivo deseo le envolvía y la tomo, haciendo todo lo que su mente deseara con ella, todo lo que ya no podía hacer con las demás lo hizo con la sobreviviente sin importarle lastimar su frágil cuerpo, incluso llegaba a dejar salir por completo su total fuerza dejando secuelas marcadas en las delicadas, suaves y hermosamente azules alas de aquella débil mariposa. – Alois sintió como un claro nudo se adueñaba de su garganta, espero unos segundos y controlando su voz, continuo- el tiempo pasaba, cada instante de la triste vida de aquella mariposa lucia peor, no tenia ninguna esperanza el débil ser había cometido un terrible error, su propio plan no había funcionado y ahora vivía dentro de un total infierno. Siempre que su “dueño” iba a su encuentro temblaba a consecuencia del miedo. Pensó dejarse morir, hasta que un día se topo con una poderosa y mágica araña, este hábil ser el cual parecía conocer su historia le propuso un trato, “mataría a su cruel señor liberándola y le daría su venganza contra el cuervo que llevo su vida a tal desgracia pero a cambio después de hacerlo la mariposa seria devorada a voluntad por la araña”, esa fue la única oferta que habría tenido sin embargo la mariposa no decidió hasta una noche en donde no soportando mas el dolor accedió y pacto con la poderosa araña. Esta astuta asesino sin piedad al coleccionista y aun protege entre su telaraña a esa mortal mariposa, cuidando de ella hasta que cumplir su pacto.


Alois, culminando de “leer” dirigió una delatora mirada a su invitado. Cerrando aquel libro dejo ante los ojos de Arnold una frase grabada en la portada, “Diario, conde Trancy”. Quedaba completamente claro para el envejecido adulto él mismo reconocía aquel diario, pertenecía a su hermano y ahora comenzaba a recordarlo en el pasado había llegado varios rumores a sus oídos: La pedofilia y la actitud violenta de su hermano, aun así le costaba creerlo, pero todo indicaba que era verdad.


El rostro del menor muto serio sin esperar mas se levanto.

-dejare que la atractiva y astuta araña te muestre lo que le ocurrió al coleccionista … - su voz era débil, ahora le daba la espalda al adulto, el cual era tomado con la fuerza sobrehumana de Claude lo cual le provocaba temblar, sabia lo que le esperaba o al menos, lo sospechaba.

-NOO!! … espera … yo no … sabia de los actos de mi hermano– mintió.

El rubio sonrió con tristeza.

-no, por supuesto que lo sabias, hasta sus siervos se burlaban de nosotros, si esto era así ¿Cómo podría esperar que un noble se inmiscuyera a defender a simple “basura”? …así nos llamaban toda la servidumbre…llévatelo Claude …- pidió.

-pero ..¿Qué pasara cuando el te lleve a ti- en un vano intento por no morir, comenzó a provocar la desconfianza del menor hacia su mayordomo- ¿Qué harás cuando la araña te devore? ¿Acaso crees que te aprecia? ¡¡Sencillamente se esta aprovechando de tu ingenuidad!!- gritoneo lo ultimo provocando que Alois se girara y lo mirara molesto.

Él, la “frágil mariposa lo sabia, conocía muy en el fondo que cada paso que daba al lado de su mayordomo probablemente lo conduciría al desastre, sin embargo se dejaba envolver por cada sensación de afecto, ternura y calor que el demonio le ofrecía.

-¿Qué pasara? …- repitió el muchachillo como susurro- que por voluntad propia me dejare devorar por Claude, si es lo que le hace feliz … ahora largo … ¡FUERA DE AQUÍ!- aquella ultima frase había sido tiernamente dedicada a su fiel demonio, tanto le apreciaba que estaría dispuesto a darle como un obsequio especial su propio aliento.




Las horas pasaron lentas, Claude había tardado demasiado. El demacrado Arnold estaría muerto ya pero … “¿porque demoraba tanto?” pensaba una y otra vez. “¿Seria cierto? ¿Cuales eran las verdaderas intenciones de su tan preciado mayordomo?¿Por que era tan débil?” la cabeza del conde estaba inundada por esos pensamientos. Su corazón de tal vez forma estúpida pero irremediablementepertenecía de muchas formas a Claude.La atención del menor siempre estaría posada en él, por mas que se dijere y se mostrara que el demonio era un fiel sirviente de Alois Trancy la única verdad era realmente sencilla. “el joven, hermoso y confundido chico era el que permanecía absolutamente esclavizado a los deseos del inmortal Claude.

El sol iluminaba cálidamente el cielo con tonos exquisitamente anaranjados, estaba cerca el ocaso. Su pálida mejilla diestra descansaba sobre la firme madera del escritorio, sus ojos miraban al vacío. Soltó el diario en blanco dejándole caer por la orilla del mueble, el sonido de este al toparse con el duro suelo fue lo único que resonó en la habitación. Suspiro para luego levantarse, abriendo las puertas que dirigían al balcón, salió. El ligero pero refrescante viento revoloteaba sus flequillos, la sensación fría de aquel elemento le hacia recordar: las dulces manos de su mayordomo. Tomo una rosa roja sacándola de un obscuro florero, aquella flor era desojada por el viento.

- … las rosas rojas no me agradan…-

Murmuro mientras la acariciaba con sus yemas.

-como sea … no importa-

Agrego y la soltó a su suerte. Permanecería al lado de Claude ¿por debilidad? Tal vez … si una debilidad sencilla: le apreciaba demasiado. ¿Por engaño? No, seguramente no Alois sabía claramente las posibilidades que habían, estaba con su mayordomo, sin intentar huir por que aunque este le devorara al final, el joven conde seria extremadamente feliz muriendo entre los brazos del demonio.

Una dulce e inhumana fragancia llego hasta su nariz, girando su rostro se percato de la presencia de Claude.

-¿y bien?- cuestiono sin molestias, intentando ocultar vanamente sus sentires.

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Alois Trancy

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Re: Sala de estar, de la mansión Trancy

Mensaje  claude Faustus el Mar Oct 11, 2011 10:08 pm

-"Paciencia… Claude… paciencia"



Claude escucho estas palabras provenientes de su amo, habría querido sacar, correr en ese mismo segundo al viejo Arnold. Entonces pensó… si lo dejaba ir ahora no tendría la satisfacción de poder destruirlo con sus propias manos, de hacerlo sufrir, de hacerlo suplicar…


Paciente escucho cada una de las palabras que Alois le dedicaba a su decrepito tío. De vez en cuando se arreglaba los lentes sin necesitarlo, de haber podido habría sonreído, Alois se defendía bastante bien, le gustaba su forma de defenderse, siempre dulce pero bastante directo, haciendo ridiculizar incluso al mas viejo de la familia.


Claude capto enseguida las palabras de su amo, cuando ofreció moverse a la sala de la mansión, ofreciendo el te favorito de Arnold Trancy. Con velocidad y gracia Claude decidió que usarían el juego de té español, solo para hacer rabiar al mayor.


Una vez mas las palabras de Alois llenaron el silencio de la sala de estar… le encantaba su manera de hablar, si no fuera por la necesaria fuerza física, tal vez Alois no lo necesitaría. Estaba seguro que la manera tan dura de haber vivido en el pasado, le habían hecho fuerte con las palabras, firme a la hora de decir las cosas.



Claude seguía al conde como su sombra, la más fiel por cierto. Todas las palabras las escuchaba en silencio y sus actos eran sutiles. No se inmuto cuando el tío Arnold manifestó su incomodidad al tenerlo siempre cerca, no debía preocuparse por lo que el mundo pensara, el servía a Alois y a nadie mas, solo la opinión de el contaba.



Mientras escuchaba las palabras de su amo, Claude se anoto mentalmente que le haría una pequeña visita de negocios al medico familiar. Los pequeños obstáculos deben quitarse del camino antes de que sean capaces de arruinar todo.


Claude miro como el joven conde buscaba un libro en especial, cuando lo encontró el demonio reprimió una sonrisa… con tan solo reconocer ese libro podía adivinar las intenciones de Alois.


A medida de que la historia pasaba tuvo su propio efecto en el mayordomo... odio.
Alois era un niño muy fuerte, pero sin dudarlo Claude le haría pagar a este sujeto de la misma manera que le había hecho sufrir al antiguo conde Trancy, aspiro profundamente el aire a su alrededor, todavía era capaz de oler la sangre de aquel hombre mayor… todavía era capaz de escucharlo suplicar, todavía podía deleitarse con sus horribles ojos dilatados ofreciéndole riquezas a Claude con tal de que no le hiciera daño. Sentía su sangre hervir de a poco, y por un momento pensó que no seria capaz de controlarse, sabia que estaba a punto de saltar sobre ese tipo y volarle la cabeza con sus afiladas uñas.




- “dejare que la atractiva y astuta araña te muestre lo que le ocurrió al coleccionista…”




Claude sonrio ante estas palabras, eran su banderazo de salida. Motivado por los gritos que seguramente escucharía del tío Trancy, se coloco tras el, mientras su terror lo alimentaban de a poco, dejándolo en un plano ansioso por dejarlo muerto.
Claude ya no sentía nada más, tan solo esta necesidad quemante de hacer sufrir a este tipo, sus ojos centellearon cuando por fin escucho por parte de su amo las tan esperadas palabras:




- “…llévatelo Claude…”




El viejo Arnold comenzó a gimotear y a tratar de que la confianza de Alois se tambaleara respecto a su mayordomo, Claude lo seguía sujetando, y aunque escucho cada una de las palabras, su semi sonrisa no se borro ni por un segundo, Alois y el tenían un trato, de eso el joven conde estaba mas que consiente… algún día Claude lo devoraría, pero hasta que llegara el momento seria el mas fiel de sus sirvientes.




- “¿Qué pasara? … que por voluntad propia me dejare devorar por Claude, si es lo que le hace feliz… ahora largo… ¡FUERA DE AQUÍ!”




Las palabras importantes de esa frase habían sido depositadas en el oído del mayordomo haciéndolo sonreír apenas perceptiblemente. Para el viejo tío Arnold su momento había llegado.



- Yes your highness



Una reverencia fue dedicada al joven conde, su gracia y elegancia no se vieron afectadas por el tío Trancy, que intentaba con una fuerza desesperada soltarse del agarre del mayordomo.


En medio de gritos y suplicas, Claude llevo al viejo hasta el sótano de la mansión.



- Que escándalo.



Fueron las palabras que le dedico Claude al viejo, en cuando llegaron a su destino mientras lo arrojaba dolorosamente al suelo.



- ¡e…espera!, ¡no!, ¡no me hagas daño! – gimoteo desesperado el tío Arnold, con ojos llorosos desde el suelo - ¡puedo darte lo que quieras!, ¡no tendrás que ser mayordomo nunca mas!, ¡podrás tener tu propia servidumbre!, ¡solo no me hagas daño!



Claude lo miro de medio lado, mientras arreglaba su negro cabello con sus dedos, su pose derecha y perfecta no se descompuso ni un milímetro.



- Yo sirvo al conde Trancy, al conde Alois Trancy –dijo burlándose, una de sus partes favoritas era escuchar que le rogaran, que temieran por su vida, la vida que estaba a punto de devorar.-



Al verse acorralado, el viejo se levanto tambaleante y con sus pocas fuerzas corrió hasta la pesada puerta de metal, intento abrirla pero estaba trabada, muy bien cerrada.



- Mis disculpas, - Claude fingió una mirada sensible y penosa – la puerta a tenido problemas últimamente, pedí que la repararan, pero ya lo sabe, si quiere las cosas bien hechas se deben hacer por uno mismo- se encogió de hombros -



- ¡abre!, ¡abre la puerta! – el viejo aporreaba la puerta con desesperación, los puños comenzaron a sangrarle - ¡déjame ir!



Claude suspiro…música para sus oídos.



Claude camino lentamente hasta el viejo, escuchando a medida de que se acercaba, como la puerta era golpeada con más desesperación. Cuando estuvo a escasos centímetros hablo:



- Disculpe, pero si sigue haciendo tanto ruido mi amo no podrá descansar. Le pido que guarde silencio.



Dicho esto se quito un solo guante blanco, dejando una sola de sus manos desnuda, Claude creyó que para matar a este sujeto no hacia falta descubrirse ambas manos.


Los gritos del viejo se intensificaron casi hasta hacerse insoportables, Claude ya lo había tomado del cuello, haciendo que girara el rostro forzándolo a que lo mirara.


- Solo por curiosidad ¿como pensaba deshacerse del joven conde? – sonrio –


- ¡no!. ¡yo amo a mi sobrino!


- Oh… -dijo Claude dándose el lujo de girar un poco el rostro y de revolotear su fino cabello- ¿lo ama de la misma forma que lo amaba su hermano?... en ese caso no me deja opción – fingió recapacitar - el antiguo conde Trancy lo amaba tanto que lo lastimaba en su cama… lo amaba tanto que el joven Trancy me pidió que me deshiciera de el… - suspiro tranquilo, mientras que el viejo pataleaba en el aire. Claude ya lo había levantado varios centímetros del suelo, su cuello crujió, mas no lo mato, no todavía –



- Eres… eres un… gran sujeto… - el viejo hablaba literalmente con el cuello estrangulado, sus palabras apenas eran un montón de palabras carrasposas, pero aun así Claude las entendía – yo… no sabia lo que hacia mi… hermano… debes… trabajar para mi…



- Agradezco el ofrecimiento, pero – pensó – seria muy desagradable trabajar para un hombre muerto… aunque no imposible.



Un ultimo grito desgarrador corto el viento, Claude haciendo un poco mas de presión, en el cuello del viejo Trancy había bastado para partir ese cuerpo de crepito en dos. La sangre corrió y la cabeza de aquel hombre rodo por los suelos.



Claude probó la sangre que tenia en su mano. Haciendo gestos suspiro.


- Que desastre… tendré que apresurarme, la hora del té esta próxima, y tengo muchas cosas que hacer.


El cuerpo lo redujo a cenizas en el contenedor que estaba ahí. Después como si nada hubiera pasado salió de la mansión, con rumbo a la casa del medico de la familia. Necesitada hacerle una visita urgente.


**


El medico se retorcía dolorosamente en piso, gritando de dolor, mientras se apretaba la muñeca torcida que Claude había partido tan fácilmente como una ramita.


Esta vez Claude ni siquiera se había quitado un solo guante, no era necesario.


Pronto el medico ya tenia las costillas rotas, incluso un pulmón perforado.



- No se preocupe, me encargare de que nadie lo encuentre – hablo Claude ignorando los gritos horribles que lanzaba el medico, al momento que le sonreía, como si le estuviera haciendo un favor de amigos – no podría soportar el dolor que le provocaría a su familia verlo en tal estado.


El hombre ya no podía hablar, tan solo podía retorcerse con la mirada puesta en blanco. su cuerpo ya deformado por los múltiples huesos rotos.


Mirar a ese tipo retorcerse de dolor le provocaba una extraña energía a Claude, era como si una fuente de poder que descansaba muy dentro de el se propagara cargándolo de energía por completo.


Por fin el medico murió, y Claude cumplió su promesa, lo destruyo totalmente hasta no dejar huella.


La tarde ya había caído, y cerca de la mansión reinaba una etérea tranquilidad que parecía no poder encontrarse en ninguna otra parte, era una sensación de frescor y paz, como estar en el fondo del océano.


La puerta de entrada cedió dando paso a Claude, aquel demonio terrorífico sin escrúpulos, que acababa de matar a sangre fría a dos hombres que le bloqueaban el paso a su amo… Alois Trancy…


- Justo a tiempo para la cena.


Unos minutos mas tarde ya estaba entrando al estudio del joven conde.


- ¿y bien?


Claude hizo un gesto elegante y deposito la charola de plata sobre el escritorio.


- Le he traído pastel de chocolate francés. La cena tardara un poco, me disculpo.


La mirada de Alois taladro con furia a su mayordomo, este lo percibió enseguida. Al parecer el menor no quería saber que la cena no estaba lista, eso no le importaba.


Claude miro relajado al conde, torció la boca como el gesto más próximo a una sonrisa que era capaz de esbozar ante la situación.


- Puede descansar tranquilo… espero que la ausencia de su tío no le disguste demasiado. Mis condolencias por la perdida, al parecer su coche fue atacado por ladrones de regreso a su casa. El cuerpo de su tío aun no lo encuentran, me temo lo peor. Le tendré al tanto de lo que pase, por favor descanse. Ahora me iré a preparar la cena.


Claude esta vez si dejo salir una sonrisa burlesca, y sus ojos resplandecieron cuando le hizo una ultima reverencia a Alois.




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Re: Sala de estar, de la mansión Trancy

Mensaje  Alois Trancy el Mar Nov 01, 2011 6:10 pm

Sacando la silla tomo asiento, el pastel que estaba frente a él lucia jugosamente delicioso. Miro de reojo al demonio y volvió a fijar la vista en el aperitivo, por alguna razón no expresada el rubio se negaba a mirarle.

-Con que unos ladrones … - se limito a decir como respuesta.

Tomo sin ganas la cucharilla de plata, no es que no luciera antojable, sencillamente no sentía apetito alguno debido a lo recientemente acontecido.

-No es necesaria la cena …. no comeré nada- No sabia si el mayordomo se habría esforzado en hacer aquel pastel, así que, con respeto probó varias cucharadas. Su boca al detectar el sabor dulce comenzó a revivir. –Realmente delicioso … pero … quisiera estar un rato a solas- Parecía que solo tenia que haberlo pedido pues tras estas palabras la presencia del otro se desvaneció tras la puerta.

Se relajo, era como si delante del demonio hubiera estado actuando una apariencia adecuada, soltando la cuchara suspiro. Miro pensativo el horizonte, no existía mucho tiempo a su favor antes de que cayera la noche lo mejor sería ir a descansar y mañana proseguiría con todo. Sentía ganas de tomar un baño pero no quería llamar a Claude, la ansiedad, la incertidumbre y la pesadez eran casi tan obvias que temía mostrarlas a su mayor. Poco animado salió en dirección al baño.

Sin rapidez se fue deshaciendo de toda la ropa que cubría su cuerpo, dejándola desordenada sobre el suelo del lugar. Abriendo al azar las llaves doradas que descansaban en un extremo de la tina intento dejar en su punto aquel líquido que comenzaba a llenar la tina pero era inútil en momento demasiado caliente o demasiado frío. Levanto los ojos “¿Cuál de todas esas botellitas debía usar?” pensaba, exhalo cansado. Unos golpes en la puerta lo sobre exaltaron, sin esperar su mayordomo entro. El menor bajo la vista, era muy difícil comenzar a explicar su comportamiento tímido y alejado casi como si le temiera. Cuando por fin se atrevió a mirar a la cara al demonio distinguió un rasgo especia, ¿fastidio? Se pregunto y sin oponerse mas dejo que el otro hiciera lo que bien no había podido hacer el rubio por si mismo. Todo el tiempo que tardo, aun que no había sido demasiado, Alois prefirió evitar la mirada de Claude.

Las manos de Claude culminaban de colocarle el blanco pijama, la vista del menor aun estaba oculta para el demonio, como si estuviera rehuyéndole. Sin esperar mas se introdujo solo en la cama y le dio la espalda al adulto, este a su vez parecía ignorar tal acción y por supuesto Alois que entendía o creía esto percibió entre su pecho un sentimiento de tristeza. Con algo de dificultad durmió a ratos.

El amanecer llego esplendoroso, ajeno de todo lo que ocurría en la mansión, en especial, entre el joven amo y su mayordomo demonio. Durante toda la mañana el teléfono del lugar sonaba una tras otra vez, todas las llamadas eran atendidas por Claude. Alois había dejado bien claro que no quería atender a nadie hasta la noche. El odioso sonar de aquel aparato estuvo molestando al amo del lugar, no lograba estar en paz, no podía planear ni concentrarse debido a ese cansado sonido constante, así que, ahí había terminado de nuevo: encerrado en la terraza de la sala de estar. Por fin después de conseguir un poco de tiempo logro meditar tranquilamente, sin embargo cada idea que se mesclaba en sus pensamientos era poco eficiente.



Se había programado una pequeña reunión en su residencia para la noche, solo algunas personas cercanas a la familia Trancy asistirían. Era ya un hecho, Arnold Trancy, estaba muerto. Declaraban que aquellos ladrones seguramente habían sido violentos, pues aunque su cuerpo no era recuperado aun, la sangre esparcida por el carro lo mostraba a gritos. El joven rubio se preguntaba, al tiempo que se levantaba de su asiento: ¿Por qué Claude había dejado huellas del asesinato? Había dejado adrede esas marcas de sangre pues el homicidio se había cometido en el sótano de la mansión y no en otro lugar. Seguro que todos ignorarían claramente lo que en verdad paso, pero el mayordomo actuaba así por primera vez. Quiso dejar pasar sus especulaciones, ¿Qué ganaría con eso? Claude había sido el asesino, y él Alois Trancy, cual juez poco impiadoso dicto la sentencia para ese adulto, esa era la única verdad. Aun así, un vacío irónicamente le llenaba por dentro.

Decidido camino sigiloso por los pasillos de la mansión, como si en verdad creyera no ser descubierto. Topándose con los trillizos se detuvo, estos moviendo silenciosamente su cabeza de lado le dejaron pasar mirándole penetrantemente. Sus pasos eran rápidos pero no delataban su acción, salir de la mansión. Cuando por fin estuvo frente a la entrada giro su cuerpo y miro a Hannah, la cual bajo la vista. Esa mujer lucia completamente triste, le molestaba que ella siempre luciera así y más aun le irritaba no saber el ¿Por qué? Volviéndose, abrió la reja pesada y salió del lugar.


Camino un rato siguiendo el sendero que se marcaba polvoriento y largo. Alois usaba una pequeña camisa, pantalones cortos y un par de medias obscuras, una corbata bien acomoda en su cuello y unos limpios zapatos igualmente negros era lo único que llevaba todo el conjunto avivaba mas su rubio cabello, su pálida piel y sus ojos azules. Vestia completamente negro, un elegante digno atuendo de la muerte y por supuesto de funerales. Le había pedido a Claude que lo alistara justo al levantarse, así no tendría que preocuparse por ello después.

El sol le daba completamente, serian tal vez como las dos de la tarde o un poco más. El conde comenzaba a resentir aquello, el negro atraía como loco los rayos del sol. A lo lejos escucho un ruido de carruaje, este llego casi de inmediato a su encuentro.

-Buenas tardes, mi señor.- se escucho una voz proveniente de la parte delantera del carruaje.

El rubio fijo sus ojos claros en el hombre que dirigía los caballos.

-¿Va alguna parte?- aquel sujeto sonreía cortes.

Alois había visto a muchos sujetos corruptos, malvados y maliciosos, pero de ese conductor brotaba todo lo contrario, él, sencillamente lucia genuinamente amable. El muchachito miro de nuevo el camino, era largo, pesado, además tendría que soportar el constante sol latigueándole. Volvió a colocar su atención sobre conductor.

-Si, me gustaría que me llevara … pero no quisiera ir dentro, me gustaría ir a un lado de usted- dijo sin mostrar sonrisa alguna.

El hombre lo miro extrañado, tal vez un poco preocupado. Era raro que un joven noble, pues se notaba a la vista, pidiera aquello aun así lo que mas le inquietaba: era tan solo un niño.

-Seria muy riesgoso mi señor- dijo sincero

Alois marco un disgusto entre sus labios. Sin esperar mostro algo de oro al conductor pero para su asombro el hombre no pareció darle importancia.

-Dígame algo … ¿no lo acompañara un adulto? … - mostraba atravez de sus ojos su limpia preocupación.

El rubio no podía creer que existiera alguien así, estaba perplejo ¿Qué clase de especie era esa? ¿Estaba en peligro de extinción o acaso era una nueva raza? Los ojos abiertos del muchacho le miraron asombrado. Rio un poco y sin esperar subió sentándose a un lado del conductor.

-Pero … ¿Qué haces? No puedo llevarte … aquí- alego el hombre, sin embargo al mirar el rostro radiante del muchachillo sonrió amable nuevamente. –De acuerdo … en marcha- Aceptando al fin sacudió las riendas y los caballos comenzaron a andar incrementando poco a poco su velocidad.

Alois sentía el viento refrescar su cuerpo. Se sujetaba despreocupado del asiento mientras sus cabellos dorados bailaban vivases despeinándole. El conductor le recordaba a un agradable sujeto del pasado, un panadero que siempre lucia regordete, llevando su delantal manchado de harina combinada con más ingredientes de cocina y movía su bigote ante cada carcajada, era el único que en ese pueblo parecía amable; a él y a Luka siempre les obsequiaba un par de pastelillos sencillos que le sobraban.


Las horas pasaban como segundos, si bien el rubio niño estaba alegre sabia de sobra que lo único que realmente lo volvía feliz era la silenciosa compañía de su mayordomo, recordando a Claude un rasgo de melancolía se asomo tras sus ojos. Suspiro.

-¿Murió alguien cierto? Debió ser muy importante para ti esa persona- dijo casi asegurándolo , interrumpiendo los pensamientos de Alois-¿Es por eso que quieres ir a un lugar alejado?,,, no es bueno siempre huir de todo- pregunto el conductor, el cual, ya había bajado la velocidad del carro.

El rubio sintió como aquella pregunta lo bajaba de nuevo a la realidad. Miro a su alrededor, ya no habría nadie por esa zona era seguro, habían viajado por varios senderos que el menor no reconocía. Lugares en donde se apreciaban viejos campesinos trabajando en la tierra o cuidando de sus animales con sigilo, pero todo eso quedó atrás, ahora estaban rodeados por pura naturaleza, una hermosa y agradable vista. Conforme el sol bajaba de intensidad los arboles se admiraban azulados, era extrañamente impresionante. Los rayos de luz se acortaban entre las ramas y hojas de los arboles que a su vez se agitaban de un lado a otro por el viento.

-No quiero huir …- se limito a contestar, el rubio no planeaba escapar o alejarse de Claude, solo deseaba darse un respiro y creía que su mayordomo lucia fastidiado por eso no quería molestarle pero sin duda alguna: Alois amaba ahora estar cerca de Claude.

El conductor había planeado otorgarle un corto viaje al muchachito, sospechaba que tal vez habría perdido algún ser querido, pero esto era un gran error. Acomodo las riendas entre sus manos dispuesto a dar la vuelta y regresar, habrían pasado mucho tiempo andando y aunque no había sido un viaje recto sino en breves círculos sabia, por experiencia propia que no tardarían mucho en regresar.

-Debemos regresar- dijo avisando.

-¡No! .. - casi exigió el menor – sigamos, aun no anochece …- Mirándole decepcionado.

-Falta ya muy poco, será mejor que regresemos, tus parientes estarán preocupados- alego y comenzó a girar el carruaje con lentitud, se percato de inmediato que por el angosto camino le seria imposible. – Hay un retorno mas adelante, entonces regresaremos- dijo como última decisión. Comenzaba a comprender que llevarse a un muchachito así como así no había sido una buena idea, temía tener como consecuencias algunos problemas que no le gustaría pagar por un desconocido, de a poco iba mostrando el cobre si bien era amable y en absoluto malicioso su defecto seria tal vez el hecho de que no pagaría con piel propia por otro.



Las ruedas del carruaje sumadas con las pisadas del par de caballos marrón era lo único que separaba la incomoda escena en ese momento. El cielo tenuemente alumbrado anunciaba que el anochecer vencería pronto a aquel ocaso.

-No lo es … - contesto vagamente el rubio la pregunta pasada del conductor –él no era importante para mi, solo era … mi tío … -confeso burlón esto ultimo.

-oh, ya veo ... un tío lejano ¿no?- el hombre fijaba su vista en el frente, hacia un rato que habían dado la vuelta y comenzaban el camino de regreso. Uno de los caballos resoplo por la nariz agitando su cabeza se sacudió.

-La verdad es que ese era mi único pariente … y no … siempre se tomaba su tiempo para mi, claro! … tenia sus razones- “avaricia” pensó.

El hombre que conducía el carruaje guardo silencio por tiempo breve. Un poco mas y llegarían al sendero que por fin les conduciría a su punto principal.

-Pero no tienes por que mentir- se atrevió a decir – si te duele solo debes decirlo, un niño como tu no debe hacerse el duro o el grande, ya habrá tiempo para eso – descansó al fin su garganta decir eso era como algo que no muchos se atrevían, mucho menos a un desconocido aun cuando este fuera un casi niño.

-No, te equivocas, no siento ninguna pena por ese miserable … me alegra tanto que muriera- dijo sin pensar- de hecho que bueno que lo deje morir, el maldito merecía ese castigo …

El adulto detuvo de la nada el carruaje, miraba con confuso al niño este a su vez tenia la cabeza gacha.

-¿Qué dices niño?- pregunto sin querer saber la respuesta.

-Deje que mi mayordomo le asesinara- ahora no hablaba con el otro, se dedicaba a contemplar sus hechos en voz alta –Rogó … pero no merecía que lo ayudara … ahora sabrá que sentía yo.. –.

Lo que escuchaban sus oídos le parecía atroz, él, aquel conductor creía que ese niño había sido testigo de un asesinato.

-Tenemos que ir con la policía … no te preocupes … ese mayordomo no te hará nada- agrego mientas se disponía a dar marcha al carruaje.

Alois volvió en si con esas palabras ¿Qué había hecho? ¡rayos! Por un tonto descuido le había confesado la verdad a ese sujeto.

-Olvídelo … solo bromeaba- se levanto dispuesto a bajar del carruaje, pero sintió como la mano del hombre le tomaba por el antebrazo - ¡¿Qué hace?! –pregunto molesto, no esperaba que este lo detuviera.

-¡¡Tranquilo solo tienes que venir conmigo, declararas y estarás a salvo!!- le asía para que se sentara de nuevo

-¡No! … ¡déjeme! ¡NO ME TOQUEE!!- exigió jalando con fuerza

Los ruidos de la pequeña guerrilla entre esos dos se perdían en el bosque, en cualquier momento alguno debía vencer y casi como de sorpresa Alois logro zafarse del hombre pero perdiendo el equilibrio cayo del carruaje de espaldas sin lograrse sujetar se golpeó contra la rueda delantera emitiendo un ruido de dolor, el circulo de madera se había roto y varias de sus astillas se incrustaron en él; por fin su cuerpo se topo contra el piso con fuerza, el segundo peor golpe se lo había llevado en la cabeza, cerca de la nuca la cual golpeo dos veces de forma dura cuando su cuerpo reboto brevemente al tocar suelo. El muchacho se reincorporo lento con dificultad, su hombro punzaba dolorosamente, su piel pálida comenzaba a amoratarse en esa zona.

-¡NIÑO! ¡¡NIÑOO!! … ¡¡¿ESTAS BIEN?!!- pregunto alterado el adulto con la intención de bajar.

El conde percatándose se levanto, ignorando el dolor corrió alejándose internándose por los arboles. El conductor le seguía alterado, jadeando mostraba su falta de condición física.

-¡NIÑO! ¡¡¿DONDE ESTAAS?!! …¡¡¡ES PELIGROSO!!!- gritaba buscando.

El muchachito ahogaba sus quejidos mientras corría, nuevamente el ocaso se enseñoreaba del cielo. Alois sabía que tenía poco tiempo antes de que la obscuridad estropeara todo. Algunas ramas golpeaban contra su rostro, un par consiguió al fin rasguñar su mejilla pese a que las apartaba con sus manos. Ahora estaba herido y su ropa que antes se encontraba perfecta ahora se hallaba sucia, arrugada y en algunas partes rasgada.

-“¡¡Maldición!! … ¡¡¡MALDICION!!!”- se gritaba internamente – “¿Por qué no solo le había confesado lo que pensaba a Claude?” … - se cuestionaba- ¿A caso llorarías si yo muriera Claude? – fue lo único que sus labios preguntaron al aire de forma audible exponiendo la verdad, se lo había cuestionado antes de dormir a su mayordomo pero esa vez lo había hecho en un pensamiento a diferencia de ahora que lo murmuraba con débil voz. No huía a la muerte, no escapaba al contrato, lo había dicho antes y lo afirmaba ahora: él mismo se entregaría a voluntad propia … pero si su mayordomo solo permanecía a su lado por esto y no por que en verdad lo apreciara, eso era, esa respuesta es a la que estaba huyendo.

Alois escucho un grito ronco y aterrorizado, era la voz del chofer. Asustado guardo la respiración, escuchando unos pasos cerca corrió de nuevo. Un camino se descubría a lo lejos, había andado demasiado a toda velocidad ya no resistía más. Unas fuertes raíces le hicieron tropezar cayendo cual largo sobre el sendero. Ante sus ojos un carruaje a toda velocidad se dirigía hacia él, todo se volvió rápido pero extrañamente parecía fuera de tiempo, cubriendo su rostro entre sus brazos grito.

-¡¡¡CLAUDEEEE!!!- mostrando como todas sus esperanzas estaban en su querido mayordomo.

Varios sonidos escandalosos llenaron el lugar, los caballos relincharon asustados, Alois solo escucho como la madera del carruaje se rompía tras chochar contra el suelo aquel estruendo gobernó con su escandalo el lugar, seguramente no habrían quedado sobrevivientes. Asustado descubrió sus ojos. Ahí estaba, la impresionante silueta de Claude resaltada entre el ocaso, ni un rasguño lucia el demonio a diferencia del menor.

Era el momento, con una fuerte ansiedad y miedo, Alois Trancy, supo que ahí sabría por que Claude se encontraba a su lado, solo pudo mirarle fijamente aun sentado sobre el piso empolvado.
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Re: Sala de estar, de la mansión Trancy

Mensaje  claude Faustus el Jue Nov 03, 2011 5:27 pm

Las cucharadas de pastel desfilaron forzadas hasta la boca del joven conde… Claude sabia que aquello no era falta de hambre, o intolerancia inesperada a la glucosa, aquello iba mas allá de eso, ¿Alois estaría triste por el tío Trancy?


Claude se limito a estudiar un poco a su amo y aunque no logro descifrar con exactitud la actitud de este, pudo tener un pequeño acercamiento, no podía ser otra cosa: Alois le temía.


Como siempre ayudo al conde a bañase, después lo vistió y arropo, todo surgía como un día perfectamente normal, aunque el silencio total entre ellos les decía que ese día carecía absolutamente de ser algo normal.


Al siguiente día con el mismo silencio que los había perseguido, Claude preparo a Alois con un traje oscuro… el funeral del tío Trancy seria esa misma tarde, Claude habría estado feliz de aquello si Alois se hubiera mostrado menos evasivo. Por primera vez en mucho tiempo Claude tuvo una sensación de añoranza, quería que Alois regresara a ser el mismo de antes, el mayordomo se pregunto si acaso la muerte de Arnold Trancy había llegado para cambiar todo entre ellos.


- “El conde Trancy agradece las condolencias”.


Era lo que Claude había dicho desde que comenzara a recibir las llamadas de múltiples personajes anhelantes de mezclarse aunque fuera un poco con el joven conde Trancy.



Claude llamo con una mano a uno de los trillizos que pasaban a su lado, quitándose el cabello negro y sedoso de la cara, pidió ser relevado de su cargo al teléfono. Alois acababa de salir de la mansión hace un segundo, no había sido necesario que nadie le avisara, simplemente el podía saberlo, la presencia de Alois era para el sangriento mayordomo, tan evidente como una tormenta en verano.


Con absoluta elegancia Claude se interno en el bosque, las ramas y hojas secas crujían sigilosas bajo sus zapatos, la brisa del día removía sus cabellos y la tranquilidad se podía saborear a la menor provocación. A unos cuantos metros de distancia, con la mirada perdida, el joven conde seguía el camino polvoso con rumbo a algún sitio.



El demonio permanecía como la sombra del menor y aunque la opresión en su pecho era dolorosa y punzante debía callar, el solo era un demonio cumpliendo un contrato, contrato que se encargaría de cumplir hasta el último día, pero últimamente habían pasado tantas cosas con el rubio que sinceramente su sentido humano amenazaba cada vez mas fuerte… jamás había sentido miedo o remordimiento al matar o devorar a algún humano, la palabra piedad no existía para el, deshacerse de alguien de una forma cruel y sanguinaria le provocaba risa… pero esta vez al mirar a Alois de alguna forma triste y renuente hacia el sentía algo, algo que ubico como remordimiento.



Con ojos resplandecientes y con total tranquilidad miro aquel carruaje que se detuvo y que poco después su amo abordo, sin inmutarse y en total silencio acelero un poco el paso mientras seguía de igual forma aquel carruaje, poco a poco el sol se derramaba en el horizonte como un liquido dorado.


Una capa de hojarasca y corteza amortiguaba los pasos de Claude mientras sin dificultad alguna seguía a aquel carruaje, las ramas cubiertas de musgo y los helechos le rozaban la cara, como único sonido los cascos de los caballos por el camino. Un poco mas adelante Claude supo que algo había sucedido, algo no muy bueno. Totalmente tranquilo Claude miro y escucho como su amo y el conductor establecían una riña, cruzándose de brazos y pies se recargo en el troco de un árbol seco, a lo lejos podía admirar como Alois forcejeaba con el tipo… por leves momentos quiso intervenir, pero sabia que cuando Alois lo necesitara lo llamaría, además… Alois lo había evitado tanto que la culpa había invadido al demonio por difícil que pareciera creer esto, así que estaba en sus planes darle al menor todo el espacio que necesitara para reponerse.



Claude fue testigo del doloroso golpe que había sufrido su amo, después cuando este se interno en el bosque a toda velocidad Claude lo siguió, las ramas se rompían escandalosas al paso del conde, mientras que Claude parecía parte de aquel bosque moviéndose al ritmo del viento con elegancia y absoluto silencio.



El mayordomo entro en acción cuando escucho su nombre de labios de Alois, el tiempo estirándose y pareciendo caminar en cámara lenta le dio el tiempo suficiente al demonio de actuar, a su paso antes de abalanzarse sobre aquel carruaje que amenazaba con robar la vida de su amo, Claude había pasado por el cochero que sabia ahora la verdad, lo había tomado por el cuello y nadie habría logrado notarlo, pero el mayordomo había parado aquel carruaje haciéndolo añicos con el cuerpo de aquel hombre… se había deshecho de el, sabia que Alois no se lo había pedido pero aquello había sido necesario. El cuerpo de dos hombres de mediana edad adjunto con el de una mujer joven yacían en el piso bajo los escombros, nadie había sobrevivido con excepción de los caballos que al verse liberados de sus ataduras habían corrido hacia algún sitio internándose en el denso bosque.


- Que mala suerte,- había dicho Claude más para si que para el aterrado niño que seguía en el piso – un hombre salió corriendo de entre los arboles y aunque ese carruaje intento esquivarlo fue imposible. – explicó -


Una vez más la cuartada perfecta.


Claude apretó los dientes y con un largo suspiro recogió al conde del piso, pero mientras lo sostenía entre sus brazos, no podía dejar de pensar que ahora Alois lo aborrecía todavía más por ser un asesino… de reojo miro el aparatoso accidente, aguantando las ganas de disculparse pensó que este accidente solo le sumaban puntos malos a ojos del menor.

Rápido se alejaron de la carretera internándose en el bosque, el pequeño aferrándose al saco del mayordomo temblaba ligeramente, Claude quería pensar que el nerviosismo del menor se debía a su reciente encuentro cercano con la muerte, pero en el fondo sabia que era el terror que el mismo Claude le provocaba, “tienes miedo de mí”.


Los rayos del sol aun no daban paso a los amortiguados rayos azulados de la luna pero sabían que faltaba poco, los árboles parecían susurrase unos a otros y poco a poco les llegó el sonido de ahogados cascos de caballos, el accidente seguramente había sido descubierto. Claude se había encargado de que nadie sospechara si quiera que el joven Trancy hubiera estado involucrado, pues lo que todos creían era que el pequeño estaba en casa llorando la muerte de su único tío, mientras que ese accidente había sido provocado por un hombre de nombre desconocido.


El camino de regreso por el bosque sinuoso resulto tal vez demasiado para el conde Trancy, pues de a poco se quedo dormido.


La escena conmovedora que había protagonizado el joven Trancy sin siquiera proponérselo, había sido enternecedora para todos quienes habían asistido al funeral. “esta muy dolido salió desolado de la mansión, y tropezó haciéndose daño” habían sido las palabras de Claude, “necesita descansar, lo sentimos mucho”.


El mayordomo se dirigió con el niño en brazos hasta su habitación, los murmullos dulces de los presentes se comenzaron a levantarse como un zumbido molesto.


Alois no se despertó ni siquiera cuando Claude lo cambio de ropa y curo un poco sus heridas, tan solo se quejaba y retorcía débilmente, como teniendo pesadillas…


Claude recordó aquellos tiempos donde era un demonio despiadado y cruel a todas luces, jamás había sentido el más mínimo remordimiento, gozaba con el dolor ajeno, no había cosa que amara mas que ver a un humano retorcerse de dolor, suplicar con quebrada voz… sus ojos resplandecieron de pronto al recordar todo aquello… no podía engañarse todavía gozaba pensando en aquello, pero ahora había un sentimiento mas fuerte que ese, y tenia que ver directamente con el rubio en esa cama. No quería que Alois lo odiara, su indiferencia lo mantenía en estado casi enfermizo.


Retocando su cabello y perfeccionando la posición de su lentes había tomado una decisión: se alejaría en medida de lo posible del joven conde, solo de esa manera podría evitar tal rechazo que le hacia sentir los músculos sin fuerza., su lealtad no se vería afectada, tampoco sus mandatos especiales, podría ser capaz de matar a media Inglaterra si su amo lo pedía, pero ahora ligeras cosas cambiarían, como bañarlo o asearlo… cambiarlo, incluso estaba decidido a permanecer lo suficientemente alejado de el a la hora del té. En fin, las cosas comunes se las dejaría a Hannah y a los trillizos. Decidido.


- solo así lograre que estés tranquilo – susurro suavemente a un muy dormido Alois – no estaré a tu lado, evitare que te sientas aterrado por mi presencia.


Y un suave beso apenas perceptible fue depositado sobre la mejilla del menor, poco después Claude salió de la habitación llamando a Hannah enseguida, esta vez a ella le tocaba el papel de velar por los sueños del joven amo.


A la mañana siguiente Claude escucho a Alois gritarle algo a Hannah, si hubiera sido alguna otra ocasión un tanto mas común el mayordomo habría llegado con su amo enseguida, pero esta vez el pequeño tenia que acostumbrarse. Hannah llego poco después con el demonio mayordomo y este le deposito en las manos la reluciente bandeja de plata que contenía el desayuno.


Llegándose casi la hora de la comida los pasos del amo seguían resonando por la mansión entera.


- ¡CLAUDEE!, ¡CLAUDE!


El mayordomo con su capacidad podía aparecer un poco frente al menor, pero solo lo necesario, si no necesitaba nada complejo, Claude se limitaba a mandar a alguno de los trillizos o a Hannah a pesar de que sabía que Alois la detestaba.


- Si no necesita nada más me retiro.


- ¡estas evitándome!



Claude recompuso sus lentes y después dio media vuelta, le dolía profundamente no poder permanecer con el menor tanto tiempo como antes, pero por el momento las cosas no podían ser de otra manera.


A la mañana siguiente nada cambio, Claude seguía haciendo todas sus labores sin interferir visualmente frente al conde, la noche anterior había sido testigo indirecto de cómo Alois le gritaba a Hannah a la hora del baño, la mujer había salido entre sollozos a toda velocidad del baño, pero Claude no había interferido.


Esta vez por la mañana los trillizos habían salido dela habitación del menor en medio de una ola de tazas y objetos de plata… el mayordomo también se había mantenido al margen.


Ya por la tarde a punto de que la cena estuviera lista el demonio con toda tranquilidad preparaba la cena, Alois lo había estado llamando tal vez por horas, se escuchaba molesto y su disgusto no asía más que empeorar cuando en vez del mayordomo que el ansiaba ver, aparecía alguno de lo trillizos o la propia Hannah.


Mientras el demonio mayordomo le daba los últimos toques a la cena del amo, Hannah entro a la cocina con el brazo ensangrentado, Alois le había herido profundamente al parecer con algún abrecartas… la mirada suplicante de Hannah se poso sobre el mayordomo el cual ni siquiera la ayudo, solo atino a poner la charola sobre su brazo sano. Debía permanecer alejado de Alois pero este no le estaba haciendo las cosas fáciles, solo quedaba permanecer en la misma posición hasta que Alois se acostumbrara.


- Asegúrate de no manchar de sangre la charola.


Había dicho Claude mientras escuchaba su nombre a todo pulmón desde el piso de arriba… una vez más Alois lo llamaba, parecía muy molesto.

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Re: Sala de estar, de la mansión Trancy

Mensaje  Alois Trancy el Mar Nov 22, 2011 1:54 pm

El movimiento en la marea era suave, meciendo su sueño inducido, las luces nocturnas del cielo obscuro se reflejaban entre esas aguas azuladas ¿Cómo es que había terminado en esa cama? ¿Cuál era la razón para que el rubio estuviera a merced de los deseos de otro, que no era Claude? … era una desilusión lo frustrante que se convertía luchar contra lo dictado, con lo que se oponía a sus deseos, a sus sueños. Comenzaba a ser tan difícil buscar una esperanza en medio de tanto derrumbe…


****una noche antes****


-“Como antes”- pensó pasmado. Un sentir inmenso y lastimoso se acomodo dentro de su pecho, Claude había vuelto a su estado frio y con poco interés. Desde ese instante Alois fue testigo de como por dentro se devastaba, tal vez ese momento se convertía en el peor para el joven conde, sin decir nada más miro como Claude salía casi esquivándole ante cada intento por buscar su rostro dejándole entre su ya muy conocida y odiada soledad.

Todo le resultaba difícil, el rechazo de Claude en verdad había provocado un gigantesco caos en el rubio. La mayoría del tiempo solo quería permanecer solo, sin molestias pero todo esfuerzo era vano Hannah o alguno de los trillizos siempre irrumpía entre su pieza recordándole que su mayordomo no estaría mas para él. En las noches ya no dormía, entre sollozos secos dejaba fluir su ser que lleno de agonía mataba cada ilusión diaria por ver a Claude cambiar su actitud, por los días conciliaba el sueño brevemente cayendo adormecido no importando donde, y cuando por fin parecía poder descansar, Hannah o los chicos de cabellos purpura le despertaban provocando su ira, misma que mostraba lastimándoles sin medida. Estaba enojado, tenia frustración, poca paciencia, solo quería arreglar las cosas con el demonio pero cuando Claude parecía prestarle un poco de atención a sus constantes gritos llamándole, las facciones desinteresadas del mayor le hacían intimidarse ¿Cómo decirle que le extrañaba? ¿Cómo decirle lo que sentía? Lo único que le aterraba era que su mayordomo se mofara de él, ya lo evitaba ¿Qué pasaría si lo rechazaba? Era donde guardaba silencio, ocultando bajo su inseguridad la genuina verdad.

Hannah entro aquella noche a su alcoba, Alois sentía la garganta irritada de tanto grito, mismo que al final no teníamas que alguna consecuencia no deseada. La mucama llevaba sobre el brazo dañado algunas vendas, debía haberlas puesto lo mas rápido pues algunas partes de esta se enrollaban de forma ineficiente dejando que la sangre se admirara perseverante. La mujer acomodo con cuidado la charola sobre la mesa gruesa. El joven conde miraba hacia la ventana que se encontraba a su lado, dio un vistazo a los alimentos, aun así,siguió sin dar señales por comer, solo permaneció callado.

-..Amo…- La voz tímida e insegura de Hannah rompió el silencio –Por favor coma algo … - dijo con un tono excesivamente preocupado casi molestamente melodramático.

Alois durante esos días apenas había dado pequeños toques a cada alimento. Se negaba a probar bocado, no tenia apetito y simplemente no se obligaría. Su cuerpo comenzaba a admirase mas delgado entre su ropa ahora visiblemente holgada, si bien lo que apenas había ingerido le ayudaba a mantener su color normal y le negaba el paso a las sombras de ojeras, era algo lógico, si las cosas seguían así el rubio comenzaría a enfermarse.

-Llévatelo …- dijo con un tono cansado.

-Pero …- la sirvienta se atrevió a contradecirle.

-¡QUE NO TENGO APETITO!- grito hastiado, arrojando la charola al piso dejo la comida regada. La mujer inmediatamente asustada se propuso levantar aquel desastre. –¡Tan solo vete!…- Alois había bajado su voz, estaba arto, cansado de que Claude le ignorara, molesto de no tener un momento de paz, con la servidumbre a su alrededor pero sin su mayordomo los días lucían grises, su animo solo se decaía cada día mas. La mucama al fin salió.

Tomando una de las varias cartas que se hallaban cerca de él, rasgo un lado del sobre, acercando un poco mas la luz que una vela brindaba comenzó a leer sin ganas. Era fácil de arreglar, solo se trataba de algunos “amigos” de su falso tío que querían ganar dinero, tierras y más, aprovechándose de la muerte de Arnold Trancy y de la aparente depresión del único sobreviviente “¿Cómo rayos se enteraban?” quiso saber. Problemas que hubiera podido arreglar de haber tenido a Claude como compañía, sin embargo su perspicacia estaba adormecida desde sus rehuidas. El último mensaje, Alois Trancy debía presentarse en una reunión de negocios, el viaje llevaría más de un mes. Sabia que con ayuda del demonio arreglaría todos esos embrollos fácilmente pero ahora en tal situación su habilidad para “actuar” estaba menguando al igual que su relación con el mayor.

Suspiro fastidiado, no tenia ganas de levantarse de ese asiento, cruzando sus brazos los poso en la mesa y sobre estos su cabeza, con dificultad concilio un poco de sueño. Poco rato después la incomoda posición le despertó, tan solo habían pasado diez minutos advirtió el magnifico reloj de madera frente a él. Estirándose un poco se froto el hombro, si bien la herida ya había logrado cerrar, su piel aun seguía algo amoratada. Evitando pisar la comida regada salió de aquel cuarto. El pasillo se admiraba quieto y sin algún incomodo sirviente, sus pies caminaban sin rumbo por la alfombra entre los pasillos. El ruido en la cocina llamo su atención, abriendo la puerta encontró a Claude cocinando. Un golpe de emociones le sujetaron. Hacia tiempo que no estaba junto al mayor a solas, le miro con un oculto cariño absoluto, aun cuando él -ante los ojos del menor- se notaba distante, le esquivaba y respondía brevemente, pese a todo quiso abrazarlo.

-Claude … - hablo bajo. Pero la mirada fría se volvió a ser presente en los ojos dorados del demonio para luego dejar de verle, Alois creía que su mayordomo realmente comenzaba a detestarle. Aquello lastimaba más que cualquier herida física, había mucha gente que era despiadada con su persona pero que su mayordomo lo fuera después de haberle demostrado su lado especial, eso era imposible de superar. –Claude …- volvió a murmurar aun así esta vez el demonio, después de contestarle algo solamente educado, ni siquiera se molesto por mirarle de nuevo. Quiso decirle, confesarlesus sentimientos ahí mismo, pero la incógnita le mataba. Era un niño que entraba recién a la adolescencia, seguro el mayor pensaría que era un iluso, pero en verdad lo quería ¿Cómo decirle a un ser así que un mortal, y uno de tan corta edad, con toda sinceridad le quería? Lo mejor seria dejarlo en paz, no darle mas molestias, pues al parecer su fría actitud le daba a entender que eso quería. – Estos últimos días medite bien las cosas “no pensaba en nada, te extrañaba demasiado…”- las palabras que salían de su boca y la verdad que se expresaban en su mente eran totalmente distintas, pero creía que era lo único bueno que podía hacer por el mayor, evitarle fastidios diarios hasta que pudiera feliz devorar su alma. – Quiero que te marches “…me estoy volviendo loco por no tenerte cerca…” – los ojos azulados del rubio entre la obscuridad y sus flequillos dorados evitaban ser vistos, de ser así Claude habría podido conocer que lo que decía era pura mentira. –Hay un viaje que quiero que hagas “por favor abrázame”- encrespo sus puños en un nostálgico intento por no llorar- “…¿Acaso los ojos dorados de Claude reflejan tristeza? no, Alois, no solo es lo que quieres ver … no es real, él me detesta…” -se dijo a si mismo y continuo- Tardaras un mes, arregla las cosas para que ningún intruso arruine nada “…¿Podrías perdonarme?, no quería alejarme de ti, solo quería darte un respiro y pesar…”- La pesadez en el interior del menor crecía conforme tragaba lo que realmente quería decir, pero creía erróneamente que Claude odiaría escuchar de nuevo a un niñito débil. –Debo mantener mi mente fría “…Nunca había pensado en querer a alguien como lo hago ahora…” así que márchate esta misma noche “…desearía que tu también sintieras lo mismo… ¿Me detestas tanto por eso te has apartado de mi?..."Mañana temprano saldrá el barco que te llevará ”…Claude tengo miedo…” Mi hombro luce mejor así que todo estará bien “…Creo que mi corazón esta sangrando…” No necesito de ti por ahora, suficiente han hecho esos molestos sirvientes “…Te quiero Claude…” Márchateya … lo que necesites cómpralo después, esta misma noche quiero que te vallas “…debes irte rápido o te detendré…” Vamos… ¿Qué no ves lo importante de la situación? Márchate de una vez “…Claude … no te vallas, ignora todo esto … te necesito…”–Estaba haciendo un soberado esfuerzo por contenerse, quería sujetarle y no dejarle ir, suplicarle como antes lo había hecho pero no quería ver mas esa mirada helada, prefería recordar ese rostro cariñoso y amable de antes, él sorprendentemente estaba dispuesto a dejarle ir, mostrando tal vez un rasgo de pequeña madurez, anhelaba que Claude lo quisiera pero no por que él se lo ordenara.

Lo mas devastador fue la respuesta del mayor. Este sin decir otra cosa mas que su frase personal, camino a paso lento y seguro pasando a un lado suyo, Alois no pudo mirar el rostro del demonio, tenía su cabeza agachada ocultando las primeras señales de lágrimas que en secreto comenzaban a asomarse. Permaneció en ese mismo lugar hasta que supo que Claude había abandonado “obediente” la mansión. Con la mirada perdida, se negaba a creer la realidad. Estaba ahora arrodillado en el piso, mordía con fuerza su labio inferior deteniendo la voz que buscando alguna salida, necesitarte deseaba gritar el nombre del mayor, llamarlo y traerlo de vuelta. Las lágrimas se desbordaban a mares.

- “¿Por qué el hacer lo correcto dolía tanto?”- cuestionaba a la soledad presente -¿Esto es lo correcto, verdad?- susurro temeroso. Muy en el fondo Alois se sentía culpable y devastado. Llevándose una mano a la frente aferro sus dedos en los flequillos rubios que colgaban sobre sus ojos. Ahora le había pedido a Claude que se marchara pues no quería volver a ponerlo en aprietos con su “tonto” afecto, el pequeño se sentía responsable de la actitud fría en el mayor. –Si no te hubiera decepcionado …- volvió a hablar con voz poco audible. Un débil grito salió de su boca. -¿no lo ves cierto? ... pese a estar atrapado en tu telaraña, no hago nada por escapar ....siempre termino buscando una forma de estar contigo ....-

La apariencia que el mayordomo había estado tomando, Alois se la trago completamente. La vida mortal le parecía como un suspiro, algo que era sencillamente pasajero. Todo lo que obtuvieras en este mundo sin mas te lo arrebatarían sin piedad cuando murieras perdiéndolo absolutamente todo, sin embargo creía tal vez ilusamente que si tan solo pudiera estar con Claude aquella experiencia jamás le seria arrebatada, ese lazo podría incluso durar entre sus sensaciones verdaderas aun después de perecer. Es por eso que no le aterraba entregarle su alma, todo su ser necesitaba fervientemente a ese mayordomo, mas que un capricho Alois comenzaba a valorar a otro ser, fuera de el mismo, el hecho que lo comprobaba era que le habia dejado ir sin obligarle a permanecer a su lado tal vez no de forma literal pues por el contrato seguirían juntos, aun así no de la forma que él quisiera. Entre lagrimas y sollozos aun acurrucado en las sombras de esa cocina concilio un sueño frio.


Para su desgracia aquella “siesta” había sido la mas larga que tenia en esos días, aun era noche pero un golpe de ansiedad le despertó, dejar a Claude partir resultaría lo mas estúpido y tierno que habría hecho jamás por alguien. Levantándose comenzó a caminar, su semblante reflejaba acongojamiento absoluto.


Una visita ya programada se cumplía poco después de lo ocurrido, Alois lahabía olvidado por completo. Sin ganas atendía a aquel padre de rostro honesto y algo maduro, quien se mostraba feliz en poder ayudar un poco ante sus ojos a la depresiva alma del único falso sobreviviente de los Trancy. El sacerdote hablaba de tantas cosas que para el rubio eran sin sentido.

-Bueno … en fin así es como debería uno proseguir con mejor animo …-Concluyo el padre y bebió del té que Hannah ahora había ofrecido.

Alois ni siquiera prestaba atención a ninguno, aquella humeante taza seguía sin tocarse frente al pequeño, no bebería de un té que no fuera preparado por Claude, si bien no accedía a probar nada que no viniera de las manos de este, su vida comenzaría a enfrentar problemas drásticos, pues el mayordomo hacia rato que había partido.

-La vida parece ser lo más valioso que un mortal puede adquirir en este mundo, lo irónico es que sencillamente no es una propiedad. De la nada emerges a este lugar siendo un frágil ser dependiente cargando a tus espaldas una sentencia propia que marca la fugaz estancia otorgada, declarando tu perecer a futuro.- Las palabras del sacerdote se escuchaban raras saliendo de su boca, pero Alois comenzó a prestarle atención -Lo mejor que podemos hacer es aprovechar el tiempo que se nos da … y no callar nada importante … ese suele ser el mas grande error entre nosotros, los seres humanos ..- con una sonrisa tranquila termino de beber su té.

Un puño de ansiedad sujeto su corazón, apretándolo provoco que desde dentro una sensación de perdida se incrementara a cada segundo. Una sola vez había ocurrido en su pasado, justo cuando descubriendo al tierno pelirrojo Luka muerto la desesperación se hizo dueña de su alma. ¿Qué había hecho? Había tomado las cosas demasiado rápido y a la ligera. Sin disculparse siquiera se levanto y corrió hacia afuera de la mansión. El viento soplaba recio sobre Alois anunciando un tormenta, quien bajaba las escaleras en zigzag que daban a la entrada principal. Logrando convencer al conductor del carruaje en donde venia el sacerdote se vio viajando hacia el puerto en busca de Claude. La respiración agitada aun no se regularizaba, era seguro que viviría menos años debido al contrato ¿Qué importaba? Si en ese tiempo podía estar Claude Fastus a su lado, y si ahora no confesaba lo que en verdad sentía, era seguro,se arrepentiría en su lecho de muerte.

Al fin había llegado al puerto, casi como desquiciadohabía bajado a tropezones del carruaje. Se sentía tonto, le daba vergüenza tener esa personalidad a veces tan fastidiosa, cámbiate y caprichosa pero ahora resaltaba su necesidad por su mayordomo, no dejaría que este se marchara, había cometido un error, otro de muchos como siempre. No obstante quería repararlo lo antes posible.


Entro corriendo por todo sitio encendido y aun abierto buscando a toda prisa al mayor sin éxito. Llego por fin a donde muchos hombres reunidos bebían a placer. La tormenta se hacia mas y mas fuerte.

-¿El barco? … ¡¡¿DONDE ESTA EL BARCO QUE PARTE MAÑANA TEMPRANO?!!- cuestiono a los hombres frente a él, con voz entrecortada.

Tardaron un rato en responderle, no lo hicieron con mucho gusto si no con el simple fin de que ese “niño” dejara de molestar pues al no hallar repuesta continuaba aferrado preguntando, primero con una actitud preocupada después insolente. El menor cambiaba su estado y su forma de preguntar en segundos, casi como un loco.

-El barco salió hace unos veinte minutos …anticiparon su partida- dijo un hombre descansando sobre algunos barriles, su aspecto era fuerte y rudamente atractivo, sus ojos negros se posaban hastiados sobre Alois, este mostro un semblante decaído, el hombre sacudió su cabello castaño, el agua que le mojaba salpico por todos lados. Este sujetotenia una peculiar idea, con voz distante concluyo –Puedo alcanzarlo, pero debes ofrecerme algo valioso, no arriesgare mi vida en esta maldita tormenta por nada.-

El joven conde escucho atento, no sabia que darle. Sus manos igualmente húmedas toparon con un reloj que llevaba sin saber en el abrigo. Había sido de Arnold Trancy, lo saco y sin dudar se lo extendió al hombre de mayor estatura.

-No lo se…- dijo alardeando, mientras observaba detalladamente ese objeto, estaba hecho casi en su totalidad de oro y tal vez necesitaría una reparación aun así era una ganga. – Bien rubito … ven, después de todo la lluvia no me deja fumar a gusto- sin esperarlo camino en dirección de su barco, era de un tamaño ideal para manejarse por una sola persona pero sin duda resistiría la tormenta engañosa.




Alois temblaba notoriamente debido al frio, su ropa estaba literalmente escurriendo, sus cabellos dorados tenían un tono mas fuerte debido a estar mojados, de ellos escurrían algunas gotas que resbaladizas pasaban por su rostro y cuello para desvanecerse entre la ropa. Se encontraba sentado en un pequeño banco tras el hombre, tenía tantas ganas de estar con Claude que el frio congelante poco le importaba.

-Tardaremos una hora mínimo en alcanzarlos ….tal vez mas … así que ponte cómodo- no menciono su nombre, recargándose a un lado del timónencendió un tabaco –En la otra cabina puedes cambiarte – agrego, pero no recibió repuesta alguna. El humo salió de su nariz y boca cuando exhalo -¿A quien estas persiguiendo?- dijo sin rodeos.

-“¡¿PERSIGUIENDO?!”- repitió entre su mente el menor, esa palabra le hizo sentirse mal.-“¿estaba persiguiendo a Claude, y este, pensaría lo mismo enojado?”- se pregunto.

El capitán de ese mediano barco miro al muchachito mientras seguía fumando.

-Yo también perseguí a unas cuantas chicas a tu edad … pero eran aburridas, después tuve una aventura con un muchacho extranjero de ojos verdes, fue excitante- confeso.

Alois quería que es tipo se callara de una buena vez, el no perseguía a Claude por diversión.

-Iré a secarme- aviso serio e indiferente, Alois sencillamente era amable, atento y cariñoso con Claude. Al rubio le importaban poco los demás el único que realmente era especial para el muchachito era su mayordomo.

El mayor permaneció en el timón, la lluvia comenzaba a parar milagrosamente, el mar se estaba apaciguando.


Aquel estrecho lugar contaba con una cama distendida, algunas botellas vacías alrededor esa habitación, era en verdad un desastre; un baúl viejo y grande que aunque caracterizaba al navío, seguramente llevaba prendas. Alois intentando detener sus pensamientos lo abrió. En su interior efectivamente habían algunos ropajes, pero lo que llamo su atención fue una botella de cristal pesada, en su interior vino seguramente no pudo distinguirlo bien debido al tono azulado en la botella. Con un poco de dificultad la descorcho, de sentón se dejo caer en la cama. Tomando el primer sorbo comenzó a recordar: “Claude le había besado por primera vez en el cuarto de baño… bueno ..” pensaba “¿Quien dio el beso primero?” el sabor de aquel liquido era fuerte, poco grato empinando un poco mas la botella recordó que él había sido el primero en besarle, recordó que el mismo le había pedido a su forma que estuvieran juntos … “¿Seria que cada momento, cada caricia y cada palabra habían sido solo por complacerle debido al pacto? ¿Todo fue irreal?” meditaba triste por largos ratos, el liquido comenzaba a marearle, pero no importaba tan solo quería aferrarse a creer que todo era genuino. El líquido raspaba su garganta para luego dejar una sensación cálida.

El tiempo pasaba lento, Alois ya ni siquiera podía ponerse en pie tan fácil, ¿la bebida era demasiado fuerte? Pensaba, pues lo estaba embriagando demasiado rápido. Por su cabeza recorrían recuerdos, cual visión, del pasado. Algunas veces sonreía debido a la calidez que recordaba de Claude, otras mas sus labios en forma de mueca melancólica expresaban el dolor que sentía ante la duda, ante el miedo. Necesitaba valor para enfrentar las cosas pero ese no era uno de sus grandes dones.

- “… Estaré aquí siempre lo protegeré, no tiene nada mas que temer…” “…Será nuestro secreto entonces…” “…Yo estaré aquí, no me moveré…puede estar tranquilo…”-

Esas y muchas mas frases venían a su mente agolpándose escandalosas como así mismo sus expresiones silenciosas, “sus intensos besos” “sus vacía mirada”. Robándole sonrisas ilusionadas, dándole llantos terribles. Claude era muy difícil de comprender en ocasiones debido a su estado serio, pero a su forma el joven conde había hecho todo lo posible por prestarle suma atención, ahora no estaba seguro de que pasaba … el “¿Cómo debía actuar?” mortificaba sin piedad al muchachito. A veces murmuraba un ¿Por qué? Para luego contestarse como inspirador propio de aquella actitud reservada y alejada en Claude.

Apoyándose por los muros de madera salió al corredor, la tormenta se había convertido en apenas una ligera llovizna, perdiendo el equilibrio choco contra el barandal, entre cerrando sus ojos miraba hacia el largo y ahora obscuro mar.

Ya había dudado una vez de las palabras de Claude, sin embargo el demonio le había hecho calmar casi de inmediato con esa actitud nueva y cálida ¿Cómo podría culpar en algo a su mayordomo demonio? Él no lo odiaba, no le temía.El menor meditaba mas a fondo, sabia que no era el mejor humano sobre este mundo; comprendía que su propia persona era incluso maliciosa;conocía de si mismo que muchas veces guardaba poca piedad, fuera como fuera, el tiempo había hecho que el Alois se convirtiera en una persona poco perfecta, por esa misma razón odiaba a casi todas las personas, pero no a Claude… élhabía obtenido su cariño mucho antes de mostrarse afectuoso con el menor.

El sonido del las tropezadas del menor llamaron la atención del otro sujeto que dejando momentáneamente seguro el timón fue a revisar.

-Rubito … ¿Qué diablos haces?- decía algo molesto mientras le abrazaba para que no cayera.

-¿Dónde esta el barco? ¿D-donde?- hablaba despacio, concentrándose tanto como podía. –Tengo que ver a Claude …¡ESCUCHAME! …¡T-TE DIGO ..Q-QUE ME LEVES CON ÉL!- su voz se escuchaba tierna y atontada, soltó la botella ahora medio vacía, la misma que rodando cayo por la orilla.

-¿Por que tomaste esa botella? …- suspiro molesto. –Vamos a dentro- Cargándole casi por completo lo introdujo hasta la cabina, ahí mismo quito de encima el rojo abrigo que llevaba aun húmedo para luego arrojarle sobre la cama. Asomándose por la borda, miro preocupado alguna señal de la botella. –Ojala que se valla hasta el fondo- murmuro y entro a donde Alois. –¡Hey! rubito ¿bebiste todo?- dijo cerrando tras de si la puerta, el viento frio dejo de invadir la diminuta pieza.

Alois ya no podía ni enderezarse, estaba completamente ebrio, la cama comenzaba a empaparse por el cuerpo mojado. El menor se quejaba levemente, intentaba a toda costa levantarse pero solo lograba mover momentáneamente su cuerpo.

-Vamos mírate … mojaras mi cama-

Dijo intentando distraerse pero al final dejo que sus ojos se deleitaran con del rubio, su mirada se paseaba por todo el cuerpo ajeno como si pudiera tocarle a su antojo con la misma. La ropa húmeda se pegaba al esbelto cuerpo de Alois, las piernas blancas estaban casi descubiertas con esos pantalones cortos. El mayor comenzó a dejarse llevar.

-Eres un muchachito muy sensual ¿eh?- dijo mientras subía a gatas sobre la cama -¿Claude? … así que también te atraen los hombres … interesante- sonrió de lado.

-C-Claude … t-te extraño- Alois movía sus manos torpemente, ignoraba por completo su estado de peligro. Sin mas y con esas ultimas palabras se hundió en una semiinconsciencia, era un hecho no podría defenderse.

Aquel hombre de cabellera ondulada y castaña desato los botines que el menor llevaba, quitándolos de encima dejo que sus lardos dedos comenzaran a bajar lasmedias negras que llevaban las piernas del chico, acariciaba a su antojo la piel que poco a poco él mismo descubría; levantándose un poco se apresuro en desfajar al menor algo impaciente. Había pasado meses en el mar y ahora teniendo a este lindo muchachito en su cama sus “ganas” comenzaban a encenderse. Alois a ratos se movía torpemente, pero el hombre tan solo apartaba las manos del muchachito y lo acomodaba a su antojo.

-Tranquilo rubito … yo te consolare … te daré un placer que no lograras soportar- rio a susurros.

Con sus dedos comenzó a desabotonarle la camisa empezando de abajo hacia arriba, actuando hábil. Abriendo la prenda dejo al descubierto su pálido torso, las sensaciones placenteras fluían con el simple hecho de mirarle. Utilizando un par de dedos se libro del botón de aquel pantaloncillo, no había bajado la cremallera pero se abrió paso un poco y con sus labios carnosos acaricio la piel extremadamente suave que estaba debajo del pequeño y ante sus ojos juguetón ombligo del chiquillo, por cada maldita caricia el aroma a su tabaco extraño se impregnaba en el cuerpo del menor. Quería continuar, anhelaba probar todo de ese “rubito”, de Alois sin embargo este comenzó a derramar algunas lagrimas, sollozando a ratos las dudas sobre Claude aun le torturaban pese a su estado indefenso.

-¿No puedes hacer las cosas fáciles verdad rubito?- dijo el hombre de ojos negros, casi de inmediato se reincorporo, exhalando desanimado extendió su brazo hasta alcanzar otro tabaco, lo encendió sin tardar para aspirar de este. Posando una palma en los ojos de Alois seco sus lágrimas. “El permanecer mucho tiempo en el mar comenzaba a ser malo” pensó el hombre, pues jamás pensó que podría llegar a hacer lo que hace unos segundos, el no era un violador por esta razón se detuvo y así casi de milagro, Alois se libro de algo atroz.

Posando de nuevo su vista hacia el menor, tapo casi de inmediato el cuerpo delgado de Alois, con las sabanas arrugadas.

-Sera mejor evitarnos tentaciones- se dijo así mismo para luego levantarse –De acuerdo rubito, te llevare a donde quieres…- Concluyo para dirigirse de nuevo hacia el timón, era una total suerte al parecer habían virado un poco pero de inmediato acomodo el rumbo, calculando que en un rato mas alcanzarían el navío. –Bien, “ Claude” le llevare su paquete- sin evitarlo rio un poco mas, era una situación complicada pero ya vería como se las arreglaría.



El barco tardo en llegar, aquel navío lucia enorme digno únicamente de nobles, era extremadamente soberbio. Llegando sigiloso logro posarse detrás de ese hermoso monstruo. Asomándose por una ventanilla de cristal silbo una melodía al parecer conocida pues uno de los tripulantes atendió a su llamado arrojado una larga cuerda, quien hubiera visto aquel acto habría pensado que todo eso era imposible pero aquellos hombres no eran principiantes, llevaban exportando “mercancía” a su antojo. Estos sujetos se consideraban entre muchos rufianes, los únicos que por la necesidad habían accedido a trabajar traficando algunos tipos de drogas.

-¡Vamos rubito!- alerto a Alois pero era demasiado pronto como para que el menor reaccionara.

Cargando al conde Trancy como pudo, subió dificultosamente las escaleras improvisadas que le arrojara el otro. Al fin, después de muchos sustos, un tabaco perdido y varias pausas el hombre pudo llegar a bordo.

-¿Qué es esto? … Teg, dijiste que nunca traficaríamos con niños- aquel muchacho que había ayudado al ahora nombrado “Teg”, lo miraba con sus ojos aceituna encendidos, el exportar personas era algo que ambos hombres consideraban ruin.

-No lo estoy vendiendo,- aclaro el sujeto castaño.

-Entonces ¿Por qué luce drogado?- cuestiono molesto el otro, el cual vestia con el uniforme que utilizaban los tripulantes.

-Porque el rubito se bebió una de nuestras botellas- explico algo hastiado.

Las botellas que aparentemente guardaban en su interior vino, en su mayoría conservaban algunos ingredientes que después los “compradores” utilizaban para convertir su droga especial.

Alois nombro varias veces el nombre de su mayordomo en forma triste.

-¿Claude?- pregunto el tripulante de aquel enorme barco.



Después de que Teg le contara todo lo ocurrido, pudieron irrumpir entre todos los registros del barco localizando el lugar donde debía estar Claude Fastus, quien como de suerte, era el único “Claude” en ese barco. De forma sigilosaingresaron en aquel camerino, el demonio no estaba presente en esos instantes curiosamente y a ventaja suya, pensaron.

Alois ahora descansaba sobre las sabanas blancas, su rostro emanaba lo triste que estaba, no se había percatado de todo lo que le habría podido pasar de no haberse topado con Teg, pero no era en todo su culpa para el menor su mayordomo era lo mas necesario y si no estaba a su lado era obvio que solo podría desplomarse.

Era una habitación extraordinaria, el sujeto que al final había decidido ayudar al Conde quedó completamente fascinado con el lugar.

-Entonces debes irte ahora- sugirió el menor de ambos.

-Ambos nos iremos- Ordeno Teg.



El barco de ese hombre ahora se alejaba a varios metros por rumbo desconocido, Teghabía logrado llevarse a su camarada pues pensaba que cuando el “hombre” que el rubito buscaba descubriera lo que había hecho, seguro le costaría caro, como un completo patán decidió emprender huida.


Alois quien ahora se encontraba sobre la cama de su mayordomo-demonio, la cual comenzaba a humedecerse con su aun vestimenta empapada, titiritaba debido al fuerte frio que sentía, aun así de forma extraña su cuerpo ardía a la vez. Sus prendas aun se apreciaban desacomodadas e impregnadas por ese aroma ajeno, el menor continuaba inconsciente sumergido en un estado de embriagues, mostrando algunas señales leves de aquella droga. Le había costado caro llegar hasta donde Claude, pero al final lo había logrado.








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Re: Sala de estar, de la mansión Trancy

Mensaje  claude Faustus el Sáb Dic 03, 2011 8:13 am

- Yes your higheness.


Claude que había accedido a aquella orden, sintió que de a poco el pecho se le encogía. Mientras miraba la mansión alejarse se seguía diciendo a si mismo que aquello era lo que debía hacer, que tenía que cumplir cualquier orden que saliera de los labios del joven conde, ese había sido el contrato y estaba dispuesto a cumplirlo hasta el final, así la joven y deliciosa alma de Alois seria suya… pero ¿a estas alturas realmente solo pensaba en devorar esa alma?... no, no era así, Alois era una especie de imán que lo atraía con una fuerza descomunal, que ni siquiera él con su orgullo y poder demoniacos podía resistir. Como todo gesto ante el torbellino de emociones que le bombardeaban el cerebro, arreglo sus gafas y después peino su cabello negro con los dedos, sus manos bajaron hasta posarse en su regazo, aquello parecía un gesto común pero en realidad, a pesar de los guantes que siempre llevaba puestos, sus afiladas uñas lograron hacerle daño en las palmas cuando cerro sus puños con furia… a pesar de todo lo que le doliera esta situación debía soportarlo.



Para cuando abordó el barco pensó que este viaje era absolutamente innecesario, Alois bien pudo haberle dicho que arreglara este asunto y exigirle que estuviera para la hora de la cena, ¡el demonio lo habría logrado! , pero el hecho de que lo mandara en este tipo de viaje solo podía significar una cosa: Alois no lo quería cerca. Y aquello era my comprensible, el mismo Claude lo había estado evitando a cada momento, ya no lo vestía, ni lo bañaba, tampoco estaba a su lado a la hora del té… el demonio hacia todo esto mientras que por dentro lo único que quería hacer era permanecer a su lado lo más cerca posible, tomar su pequeño cuerpo y reconfortarlo por todas las malas cosas que había estado pasando. Pero las cosas no habían marchado como Claude quería. Había echado a perder todo.



El demonio no había ido directamente a su habitación como habían hecho todos los pasajeros, había preferido quedarse a mirar como el inmenso mar se abría dejándole paso al gran barco que lo alejaba de cada vez más de Alois.



Seguía pensando en este tipo de cosas, con el cielo gris cubriéndole la cabeza, cuando una punzada dolorosa casi lo hizo doblarse, aunque por fuera sólo gruñó un poco, el dolor era inconfundible… Alois, ¿Qué estaba pasando?



Su delgado y elegante cuerpo se dio la media vuelta, fingiendo tranquilidad caminó hasta el lado opuesto del barco, el muelle había desaparecido, eso significaba que ya estaban muy lejos de tierra. Claude se tocó el pecho… la marca de su pacto punzaba, esto solo significaba una cosa: Alois estaba en problemas. Perdiendo la noción del tiempo Claude se quedo ahí afuera ignorando por completo el frio que cristalizaba las ventanas, y el aire gélido que le acariciaba con crueldad el cuerpo. Alois lo llamaría en cualquier momento de eso estaba plenamente seguro, y el debía permanecer alerta, para aparecer y salvarlo de cualquier cosa que le pasara. Un par de veces lo llamó la gente de servidumbre del barco pidiéndole que entrara, ya que hacía tanto frio que cuando se respiraba parecía que se tragaban trozos de hielo. Claude ignoró todo aquello, “pobres humanos que tienen incluso a la naturaleza en su contra”, trabó sus propios pensamientos cuando sintió a su rubio amo cerca… ¿Qué estaba pasando? Si no hubiera sido por la corte de marineros que estaban al pendiente de todo lo que pasaba en el barco, el demonio habría saltado yendo enseguida al encuentro del conde, importándole poco que no lo hubiera llamado aún.



El pecho de Claude ardía y solo podía apretar los dientes con furia, entre más cerca se encontraba el joven conde, más sabia lo que estaba pasando, podía percibir sus dolores, sus inquietudes y sus pesares en su propio cuerpo, era como si el cuerpo de Alois no fuera solo suyo si no , de Claude también… el demonio supo lo que estaba pasando y pudo sentir esas ásperas, frías e impetuosas manos recorrer sus piernas… la droga que había tomado el rubio también la sentía el mayordomo como lava ardiente cerrándole la garganta. Rápido sintió como si las piernas se le doblaran, sabia que esto se debía a la impotencia de no escuchar su nombre de boca de Alois llamándolo ¡necesitaba que lo llamara! “llámame, llámame”.



Las rodillas de Claude pegaron dolorosamente sobre la madera fina del barco, al momento de que una ráfaga de viento helado removió sus cabellos, internándose en lo más profundo de sus ropas… había perdido la noción del tiempo, podía haber permanecido ahí veinte minutos o dos horas, no sabia.



La voz de Alois llamándolo nunca llegó… de pronto en medio de la densa niebla helada apareció un barco más bien pequeño. Haciendo gala de todas sus fuerzas restantes Claude se levanto como si nada estuviera pasando, su total falta de movimiento le hizo pasar desapercibido para un hombre de la tripulación del barco que se acercó a recibir a otro hombre, ambos se dirigieron unas palabras que el demonio captó a la perfección, después en cámara lenta vio como llevaron el cuerpo inerte de su amo hacia los camarotes del barco, los ojos de Claude brillaron intensamente en la oscuridad.



Agradeció a la niebla que cubría todo, pues así pudo bajar hasta el barco de un solo movimiento fluido. Si aquel tipo pensaba que se iría inmune después de haberse casi aprovechado de Alois estaba muy equivocado.



El demonio movió el barco cuando cayó sobre el, apoyando una rodilla y uno solo de sus puños, después yendo justamente a la mitad rompió con un golpe seco la madera, rápidamente el agua comenzó a entrar. Ese barco indudablemente se hundiría en unos cuantos minutos, justo cuando estuviera lo suficientemente lejos para que el gran barco que habían profanado ya no los ayudara, también estarían muy lejos del muelle como para llegar nadando. Aquel barco se hundiría en medio de la nada.



Claude torció su boca en una mueca, y rápidamente subió sin dificultad al barco. En medio de la niebla pudo distinguir como los dos hombres regresaban a toda prisa al pequeño barco que ya tenia como destino hundirse.



Como una exhalación el demonio llegó hasta su habitación del barco, Alois ya estaba ahí, sobre la cama húmeda, todo su delgado cuerpo temblaba y su semblante siempre blanco ahora parecía demasiado pálido.



El mayordomo se mordió un labio hasta casi hacer sangre, de inmediato pensó en seguir aquel diminuto barco y matar a esos dos a sangre fría de la manera más despiadada posible… quería escucharlos gritar. Pero con tan solo mirar a su amo tiritar más fuerte y quejarse decidió que en este lugar hacia mas falta. Se acomodó los guantes en un gesto claro de desesperación, después tomo el cuerpo helado del rubio. Lo desvistió con cuidado, lo seco y después lo metió a la cama cubriéndolo con las sabanas., todavía faltaban tres días de viaje en barco, y el demonio comenzó a pensar si lo mejor era volver a la mansión con el en brazos… aquello bien podía hacerlo en cuestión de unos cuantos minutos, pero, ¿Alois resistiría? Decidió que lo mejor seria permanecer en el barco, mínimo así podría mantener el cuerpo del conde a temperatura.



Toda la noche había permanecido a su lado, había buscado ropa seca y más o menos de la talla adecuada, también se las había arreglado para mantener líquido caliente el cual podía darle a beber de vez en cuando. El efecto de la droga había pasado, y hacia mucho que el más joven había dejado de tiritar, los gemidos habían desaparecido, y el semblante comenzaba a ser el de siempre.



- Por fin … - susurro Claude con cierto grado de alivio en su voz –



Todavía en medio del suspiro se arrebató los guantes blancos que cubrían sus manos, y posó una de sus manos sobre la frente del menor, no había temperatura todo estaba bien. Su mano se quedo inmóvil por unos segundos, la piel del rubio era tan suave y hermosa… sus manos se deslizaron desde la frente hasta su mejilla, llegando hasta los labios. La caricia no duró más que dos segundos pero para Claude eso bastaría para terminar con felicidad este viaje de tres días.



Sin poder reprimirse, se inclinó sobre la cama, y cubrió al pequeño en un delicado abrazo, su pulso se había agitado hasta casi romperle las venas cuando supo que estaba en peligro, ahora respiraba tranquilo pero se prometió a si mismo que aquello no volvería a pasar jamás.



- Perdóname… - susurro con el cuerpo del conde todavía entre los brazos – no he querido ignorarte, es solo… que no soporto que me temas. Hare lo que quieras, lo que tu quieras – había olvidado los formalismos – pero no me temas más…



De inmediato sintió como Alois cerraba sus puños a su espalda… Claude trabó sus pensamientos, el pequeño había despertado ¿lo había escuchado? Inmutándose unos segundos, siguió hablando, ya que había tenido un momento de valentía debía aprovecharlo.



- Maté a su tío… y mataría todavía a más si así lo veo feliz – el formalismo había regresado - pero también puedo dejar de hacerlo si me lo pide… tan solo déjeme estar a su lado.



El demonio estaba renunciando a todo, incluso a su naturaleza por ver feliz a Alois, y sabia que le costaría trabajo hacerlo, pero prefería no ser victima otra vez de la mirada fría de Alois, no sentir de nuevo su frialdad… no quería alejarse nunca más.



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Re: Sala de estar, de la mansión Trancy

Mensaje  Alois Trancy el Sáb Ene 07, 2012 5:34 pm

-¡Hey Teg! ... ¡¡TEG!! ¡¡HAY UNA FUGA!!- gritoneo alarmado el chico de ojos verdes.

Estar en la cima de todo lo que deseas, aun cuando este triunfo para muchos parezca nulo, para el que lo vive es mas que éxtasis pues forma el tesoro de todo por lo que ha soñado y peleado, pero, el verlo derrumbarse, puede llevarle a la locura.

-¿Que dices?- respondió el hombre al mando con voz floja

El muchacho corrió hacia el camarote, agitado y alarmado. Sus vestimentas y cabello escurrían agua, sin duda había estado batallando por arreglar aquel problema, notando que era imposible, tarde había avisado a Teg.

-¿Por que estas tan mojado?- Teg quien se encontraba con la camisa abierta se levanto de la modesta cama destendida, sin prisa, ajeno de todo lo que ocurría a fuera.

-¡Hay una abertura cerca de la popa! ... ¡el agua esta emanando a bocaradas!- aviso y corrió de nuevo en dirección del desastre seguido por el castaño quien comenzaba a inquietarse.

-¡Maldita sea! ¡¡¿Como es que ha ocurrido esto?!!- expreso a la vez que acariciaba la abertura en la madera.

La tormenta retomo su intensidad, parecía como si las cosas comenzasen a ponerse en contra suya. El mediano barco se agitaba a merced de las olas las cuales iban y venían a merced del viento alborotado, haciendo chillar la madera lastimada.

-¡¡Rápido James!! ¡Gira a estribor! necesitamos regresar... debemos acercarnos lo mas posible al puerto.-

-¡Si!- corrió el muchacho obedeciendo la orden

Pero aquello era totalmente absurdo, tal vez se acercarían un poco, sin embargo no lo suficiente. El tiempo pasaba rápido sin darles una oportunidad de defenderse ante tal crisis. Teg intentaba reparar la abertura lo mas rápido que podía, pero el daño estaba hasta lo mas profundo además el agua ya había entrado en gran cantidad.

James, quien usaba su uniforme perfectamente, movía sus manos de forma astuta, aun así el barco se negaba a obedecer por completo, era como ordenarle a un moribundo que llevara una carga de su doble de peso, algo sencillamente imposible.

Entre tanto caos y prisa Teg había dejado encendido en aquel cerrado lugar, su cigarrillo. El movimiento embravecido del suelo liquido tiro sobre las sabanas la fogosa amenaza, que sin esperar, comenzó un silencioso incendio.

-¿Que haces? ¡¡TEG REACCIONA!!- James le gritoneo para que entrara en si, había regresado a donde el otro.

-Esto es imposible James ... estaba perfecto cuando me encontré contigo ¿como es que esto a ocurrido?-

-Déjate de eso ... ¡debemos apresurarnos! ¡Si no nos hundiremos!-

-no .. no James- Teg estaba desecho, no movía ni un musculo para intentarlo siquiera -El daño esta hasta lo profundo ... es imposible remediarlo ... es algo fuera de lo normal no encuentro explicación alguna-le abrazo con desesperación - lamento haberte traído hasta aquí ...de haberte dejado, solo yo moriría ...- era un hecho ese barco no vería un amanecer de nuevo.

- ¡Estúpido! ... ¡déjate de tonterías!- intento animarlo, a su forma claro, y se separo bruscamente - traeré algunas cosas de la cabina ... tenemos que salir ambos con vida- corrió sin esperar que se levantara su acompañante.

Un error, uno solo, diminuto y poco contemplado error pueden destruir todo tu pequeño imperio.

El fuego que silencioso al inicio, ahora comenzaba a bramar haciendo gemir y chillar a la madera. Alcanzo la cabina, en la cual, el capitán de ese mediano barco llevaba por encargo varios barriles de pólvora repletos. Una fuerte explosión se escucho haciendo eco.

-¡¡JAMES!!- grito acercándose pero la potencia de la explosión lo lanzo lejos junto con varias partes del barco. -¡¡AHHH!!-

Las aguas obscuras reflejaban el cuadro tétrico y encendido: el barco partido en varias partes se consumía sobre aquel liquido que lejos de ofrecer ayuda para menguar tal incendio, se convertía en una gigantesca boca que abierta esperaba tragar por completo ese cuerpo de madera desecho mostrando un hambre voraz.




OOO--OOO




Apenas había despertado, el sonido grave, hermoso y bien entonado de las palabras de Claude no le había permitido seguir durmiendo. Como si quisiera teniéndole cerca. No tenia fuerzas, no por enfermedad, si no debido al hecho de que él estuviera ahí abrazándole, hablando de esa forma sin formalismos, sin contratos, sin ninguna razón de por medio que lo obligara a decir eso por conveniencia o acuerdo, era algo meramente sincero tan literal pero tan parecido a un ensueño. Tenia que tocarlo asegurarse de que fuera genuino y no una alucinación. "aquí estas, aquí estas" era lo único que podía repetir mentalmente mientras con sus delgados brazos lo apresaba afectuosamente. Sonrió un poco cuando le escucho de nuevo hablarle mayordomo-amo, para él no era necesario, aun así estaba entre un torbellino de alegría: “Claude estaba ahí, con él y por que quería¬".

-Claude ... Claude ....- mientras daba variados y cortos besos sobre todo el rostro del demonio, sobre su frente, sobre sus mejillas, sobre su barbilla- lo siento ... yo siempre termino metiéndote en problemas ... pero es que no te temo yo en realidad ...- callo un poco pues el rostro del demonio estaba frente a él y le costaba hablar con esos hermosísimos ojos dorados penetrándole casi sin piedad- ... no quería que te marcharas sin decirte ... que ...- bajo la vista pero al percatarse de la mano tersa del otro levantando su barbilla lo miro de nuevo- "si iba a decírselo tenia que verlo a los ojos para que no quedara duda alguna"- se dijo - que yo ... que yo ... yo ... te quiero Claude ... no me importa nada en este mundo ... si tu no estas a mi lado quiero que todo desaparezca ... no me interesa que ocurra con la humanidad completa … solamente hay un ser con el que estoy sujeto con un lazo irrompible … - se mordió un labio y sonrojo de inmediato, aquello era lo que sentía pero la vergüenza se hacia presente pues no eran solo palabras si no la verdad genuina y desnuda- yo ... te quiero Claude ... y aunque parezca el débil aquí ... quiero cuidar de ti ... quisiera poder tejer una telaraña en donde tu fueras solo mío y yo te protegiera como ... como la tuya lo hace conmigo- armándose de valor. Aprovecho que el demonio estaba cerca y corto absolutamente toda distancia entre ellos. Rozo su labios, después los fundió ... era tan delicioso besarlo que parecía que moriría ahí mismo ... tanto había deseado eso que aseguraba a Claude rodeándole con un brazo por el cuello .. y sujetando su camisa entre los dedos con la otra mano. Con gentileza aparto los lentes del mayor y miro sus ojos, cuanto le gustaban esos ojos encendidos... sentir la respiración cerca y mas aun probarla ... era tan absorbente que se dejaba ir en ese beso casi alterno a la realidad.

Comprendió entonces que aquel lenguaje era mejor que palabras, un idioma que solo Claude le conocía: el de sus labios, su lengua, su respiración.

No se percato en que momento Claude le presionaba entre los brazos pero se sentía tan bien que no quería parar, tardo en cerrar los ojos pero es que el mirarle fijamente era tan magnética que quería permanecer así ... no fue si no hasta que Claude acaricio con su lengua húmeda la suya que se vio casi obligado a cerrarlos, las sensaciones comenzaban a ser poco soportables de tan alucinantes que eran, recorriendo todo su cuerpo ... originadas en los labios del otro. Claude le atormentaba deliciosamente con solo besarle.

De pronto alguien golpeo la puerta, Alois no escucho nada o no quiso oír ... no fue si no hasta cuando se percato de que Claude se separaba de él, cortando el beso con un sonido de rechupete, que Alois medio comprendió la situación. Claude hizo ademan para levantarse pero el rubio le acorralo nuevamente con ambos brazos.

-No abras... quédate aquí ... conmigo ... por favor- sabia que el otro no quería separarse ... o al menos lo pensaba debido al beso, eso era lo único que podría pensar

Los golpeteos se hacían mas fuertes y molestos, adjuntos con varias voces que ahora le exigían a Claude abrir el camarote. Tomando una mano del otro la entrelazo con sus dedos.

-Por favor ..-volvió a pedir, tan solo quería tenerle cerca ... cerca y nada mas y parecía que Claude pensaba como él e ignoraría a esos sujetos.

Pero la señal de que afuera comenzaban a introducir una llave los separo al final.

Alois no sabia que hacer los tripulantes, tres marineros, le pedían amablemente una explicación: El joven conde no estaba contemplado en la lista de pasajeros, el rubio sintió un frio recorrer su cuerpo, como cuando te descubren con las manos en la masa. Pero al parecer Claude estaba tranquilo o al menos así lo apreciaba Alois, el joven amo escucho como el mayordomo pedía arreglar ese asunto en otro sitio debido a la "delicada" salud de su amo ... -"mintió"- pensó pues el se sentía bien.

-Claude ...- murmuro aun sentado sobre la cama, entre sus dedos sujetaba los anteojos del demonio.

Como respuesta recibió esta vez una inesperada, impecable y exquisita sonrisa ... algo que solo el rubio pudo apreciar pero que lo dejo sonrojado, anonadado y por supuesto contento ... aunque su rostro se miro sorprendido mas que otra cosa, aquello había sido como un flechazo que lo dejo rojo ... el demonio era el único que hacia que Alois se sintiera así ... desplomado con una mirada fría o plenamente contento con una sonrisa como aquella, por supuesto también intimidado y nervioso con ese apetitoso gesto, que le había regalado. No cabía la menor duda, Claude era el más apuesto entre los demonios y los humanos.



ooOOO---OOOoo



-¡¡Hombre al agua!!!- un fuerte grito de salvación se escucho.

El movimiento velos de los tripulantes se noto en aquel enorme barco de pasajeros. Tardaron lo menos posible en conseguir salvar a ese naufrago, el cual se encontraba inconsciente sobre un corto resto de algún piso de madera de obviamente un barco. Cinco hombre fueron los que descendieron utilizando una lancha de remos, en orden, astutos y eficaces llegaron hasta el desvalido sujeto a rescatar.

- ¡Vamos! ... con cuidado .. Eso es ... recuéstenlo ... ¡cuiden su cabeza! ... ¿Tiene pulso?- un hombre de facciones severas y ojos marrón dirigía el rescate.

-Si, señor ... esta vivo- contesto uno de los mas jóvenes.

-¡Señor por allá! - uno mas señalo un pequeño barril flotando y a un lado de el una persona mas - ¡Allá hay otro señor!-

- ¡A él! ¡Pronto! muevan esos remos-





Los ojos de ese hombre, el cual había naufragado cerca de dos días comenzaron a abrirse cual milagro, sus ropas se veían míseras al igual que su incoloro y lastimado semblante.

-Esta despertando señor-

-Llévenlo dentro no es bueno que en su estado permanezca aquí-

Sin embargo lo primero que toparon sus negros ojos fue el cuerpo de James que comenzaba a ser cubierto, estaba muerto.

-¿James? -cuestiono incrédulo - ¡James!- después le llamo pero no escucho respuesta.

-aguarde .. esta débil .. debe..- un marinero le sujetaba firme pero sin lastimar.

-¡Aléjate de mi!- Grito Teg y se zafo del agarre, empujándole violentamente. Veloz llego hasta el cuerpo y comenzó a descubrirlo -¡James! Vamos James ... Responde -

Con sus manos acariciaba los cabellos negros del joven sin vida, parte de su cuello y de su barbilla lucían quemaduras, el rostro del fallecido era pálido, tan pálido que dejaba atrás el color blanco con algunas partes que se matizaban a un tono ligeramente azul, sus labios relucían amoratados. El mar le había robado la vida sin dudar, marcas en las partes no quemadas de su cuello y cuerpo mostraban que el muchacho de ojos verdes se había enredado entre cuerdas, sin poder nadar siquiera había quedado tiempo después sin un poco de aliento dentro.

-no .. ¡no! ...¡¡NOO!! ... ¡James! deja de jugar ... vamos ... ¡James!- al principio le jaloneaba intentando con esto devolverle la vida, sin embargo el cuerpo se dejaba mover por la fuerza del otro sin voluntad propia- ... lo lamento ... lo lamento ... tarde demasiado ... -Incalculables lagrimas amargas brotaban desde sus ojos, amenazando con jamás detenerse -Aquí estoy ... - con una suavidad y desesperación mescladas le abrazo - aquí estoy ... contigo ... - estaba aparentemente sereno por fuera, soltando variados sollozos, pero por dentro un enardecimiento se hacia presente - me quedare contigo ...- beso su frente mojada.- ...James..- dijo entre el silencio y sus lagrimas.

Hay cierto tipo de dolor que es soportable, pero existe un límite en donde las personas sencillamente no pueden soportar más. Algo extrañamente se rompió dentro de Teg, él estaba muerto, ya no existía mas. Justo cuando había prometido quedarse con James había desaparecido su verdadero ser dejando vivo a un bulto humano lleno de esencias poco sanas, ajenas a la piedad, luz y clemencia, amantes del sufrimiento ajeno, de la venganza. Por que todo es una cadena irrompible, una acción siempre lleva consecuencias y algunas son hechos jamás pensados e inimaginables.

-Lo lamento amigo ...- murmuro uno de los tripulantes.

El acontecimiento había hecho un total alboroto en el lugar, toda la tripulación estaba presente -con excepción de los que llevaban el rumbo del barco- y la gran mayoría de los pasajeros, algunos siendo testigos de tan terrible acontecimiento con tristeza bajaban su cabeza o miraban a diferente sitio, otros solo mirando morbosamente, buscando la razón del alboroto.

-¿A donde se dirige este barco?- pregunto sin sentimiento alguno en sus palabras.

-De vuelta a Londres- contesto el hombre rápidamente



ooOOO_OOooo



Le confesó casi en su totalidad lo que había ocurrido desde que el mayor se machado de la mansión. Al principio quiso modificar un poco lo sucedido, debido a que no quería que la tensión se hiciera presente, pero muy en el fondo algo le decía que el mentir tan solo complicaría mas las cosas. Aun que no sabia a ciencia cierta el porque se había desatado esa platica.

-Esta bien , esta bien - murmuro cuando miro el rostro del otro, que casi le exigía decir la verdad, como si este supiera que intentaba desviar el tema -No recuerdo como llegue hasta tu cama ... no se como subí al barco ... lo ultimo que mi mente me da para saber es que .. comenzaba a beber el vino de una botella - descansando su mentón sobre sus manos, miro detenidamente al demonio -No debes preocuparte ... lo importante es el presente ... prometo no volver a tomar decisiones tan impulsivamente -sonrió mientras se levantaba -Vamos ... hoy cenaremos en el salón ...-

Su idea original era permanecer en ese lugar, solos, pero parecía que algo andaba por la cabeza de Claude. Esos dos días que ya habían pasado el demonio le había pedido que intentara recordar lo sucedido y Alois sin creerlo realmente importante cambiaba con frecuencia el tema de forma inconsciente. Ya fuera donde fuera, caminaran por "la borda" en una fresca mañana o en la habitación mientras merendaba el tema se hacia presente. Todo había comenzado después de esa media noche: no pudiendo conciliar el sueño, se despertó y ahí frente a su cama estaba él mirándole pero no como siempre "cuidándole" mas bien pensativo, algo pasaba y Alois comenzaba a sentirse ansioso. Como un objetivo principal busco sacar del mayor esa espina que parecía estar molestándole.


-No se quien sea Driez Hernet .. Arnold nunca menciono su nombre ... ¿Claude?- dejando los cubiertos de plata a un lado presto su atención al mayor.

La cena estaba estupenda, era ligera debido al turno del día aun así era casi perfecta, no importando que su copa solo llevara el jugo puro de uva. Esa vez Claude se presentaba como su tutor, así que vestía completamente diferente, el atuendo que llevaba con porte hacia resaltar su tez clara y sus ojos dorados, pero ante la vista del rubio también una inquietud. Todo a su alrededor del salón lucia como una obra maestra, los elegantes invitados conversaban amenamente cada cual con sus acompañantes. La cena brillaba deliciosa entre esa pulcra bajilla inglesa; la música sonaba pasiva. Todo corría estable, deslumbrante sin embargo eso solo era hablando del exterior.

- Debido al cargo que menciona la carta, Driez, es una persona influyente en el gobierno ..- intento retomar la platica, como en otras ocasiones, esperando que el mayor saliera de sus pensamientos, aparentemente no fue así -¿te encuentras bien?- cuestiono intentando saber que ocurría con su acompañante, pero como respuesta Claude le menciono algo que nada tenia que ver con el tema y luego se disculpo para levantarse de la mesa y salir.


El rubio no se levanto permaneció dando leves movimientos a la comida con el tenedor, estaba pensando, intentando averiguar a su forma ¿Que ocurría con el bello demonio? Una atrayente mujer de cabello relucientemente obscuro y de amena figura, se quedo como hipnotizada viendo al mayor salir del salón. Alois fijo su vista seria y molesta en ella, hasta que esta se percato, apenada bajo la vista abandonando el lugar. "¿Actuaba celosamente?" se pregunto, “por supuesto" se dijo sin bacilar y es que Claude aun estado perdido entre su mar de cavilación lucia verdaderamente apuesto, llevaba incluso mejor el porte que cualquier noble presente. Esa apariencia concentrada sacaba suspiros "¿Que estaba haciendo? ¿Deleitándose con lo bien que se veía el otro en estos momentos? Debía preocuparse más por lo que le atormentaba" se regaño y levantándose se dispuso a buscarle.

Recordaba que el demonio y él casi se habían comido a besos en su encuentro, la sonrisa del otro y el día después de ese había estado de buen humor, incluso Claude Faustus le había hecho reír con un insospechado buen humor, le había regalado largos y maravillas momentos. Ahora descubría que después de esa noche en donde el rubio se había despertado de entre sus sueños, notando al mayor sentado frente a él, desde ese momento algo ocurría. El semblante del demonio mostraba el cambio, también su constante preguntar si algún recuerdo había vuelto a la mente del menor.

Mucho en parte, creía Alois, había sido culpa suya. Quizás el inmortal ser no le confesaba nada por que el conde no había mostrado un interés merecido por el tema. No era que no quisiera saber que le ocurría, todo lo contrario. Mas bien no había contestado esas preguntas por que suponía que no importaban mucho, después de todos ambos estaban juntos. Ahora comprendía que habría sido mejor hacer un soberano esfuerzo y recordar. Debía ir a disculparse y aclarar las cosas.

Sus pasos fueron interrumpidos por una muchachita, aparentemente casi de la misma edad que Alois. Era de menor estatura y su cabello castaño como toda una dama era bien llevado sujeto entre una peineta brillante. El rubio dio un paso hacia la derecha pero ella no parecía querer dejarlo pasar. Poco resignado el muchacho le dirigió una mirada, en sus ojos azules se dibujaba poca paciencia.

-Conde ¿Podria..podria bailar con usted?- una aguda y suave voz salió de entre sus rozados boca.

Alois arqueo una de sus cejas rubias, esa era la primera vez que tenía un encuentro de conquista con alguna chica. Le asombraba el valor de la castaña frente a él, normalmente un chico, cual caballero, debía hacer la petición.

-Disculpe- sonrió levemente -ahora voy a prisa, seguro que habrá alguien mas que este encantado de bailar con usted- actuaba educado pues se le había hecho cómico las "agallas" de esa muchacha pero en realidad quería irse de inmediato tras Claude.

-Disculpe que siga importunándolo- el rostro de la chica estaba matizado por obstinación -pero no hay otro que me interese en este lugar-

Alois discretamente dio una mirada al lugar, había varios muchachos nobles que clavaban su vista en la pareja juntamente con varios adultos. Desde una vista externa ambos lucían idóneos, al lado de esa castaña, el conde, se apreciaba galante, un muchacho bien parecido e incluso los rasgos que mostraban su crecimiento le hacían ver varonil, con esa mata rubia como ultimo buen toque a una belleza total. Un guante largo y azul que llevaba se cayó de entre las manos de la joven, el conde no supo si aquello había sido adrede o no, aun así Alois lo recogió hábilmente y lo deposito en la pequeña mano de la chica.

-No me apetece jugar a la parejita absurda frente a la multitud ... discúlpame- le murmuro y salió del salón.

La castaña se sintió completamente ofendida, mas aun por que quería lograr tener a sus pies a ese conde y los planes no le surgieron como quería. No podía culpársele, aun cuando hubiera sido ella o cualquier otra el resultado seria el mismo. Claude, el locamente atractivo demonio, era el único que había flechado a ese rubio, provocando que con tan solo una ligera caricia de sus labios el menor temblara por completo. Él se perdía en la hermosura de esos ojos fríos y cálidos, duros y tiernos.



El golpe que su cuerpo presencio al salir de ese salón fue radical, dentro del lugar había una temperatura cálida, el frio que ahora se agolpaba en su cuerpo alborotando sus cabellos y demás calaba demasiado. Acomodando su abrigo camino sin pensar buscándolo.

Los pies ya le dolían de tanto andar, había visitado cada una de las salas especialmente para los pasajeros. También había entrado a la cabina y adonde los tripulantes reposaban. En la proa tampoco, quiso pensar que tal vez estaría mirando hacia el mar, aun así no estaba. Sin ningún otro lugar a donde ir, camino en dirección a su habitación. Sus manos estaban frías debido a que se miraban desnudas, eran estas y su rostro los que recibían el mayor impacto de la ventisca. La respiración cálida se asomaba a cada exhalación. Por la borda sus pasos eran los únicos que se escuchaban, todos debían estar refugiados dentro.

Fue agradable el entrar a su habitación pues su frio desapareció, lanzando un suspiro cerro tras de si la puerta sin embargo al levantar el rostro noto a Claude sentado en el sofá mas grande, él le daba la espalda. Su blanca dentadura se asomo cuando lanzo una sonrisa. Sin dudarlo fue hacia donde el mayor y lo abrazo por detrás. El demonio había estado sumergido en su mente, pero el estado frio que odiaba Alois, Claude no se lo había vuelto a mostrar. Eso le brindaba confianza.


-La cena fue deliciosa ... pero perdió el sabor cuando te marchaste- le murmuro cerca del oído, haciéndole cosquillas con su nariz -Espero que ese libro sea interesante si ocupo mi lugar -Dijo tiernamente mientras sin dejar de abrazarle lo hojeaba -¿Sabes?- agrego soltándole para luego rodear el sofá y quedar frente el demonio -Deberías quedarte con ese atuendo ... te miras irresistible -su voz era susurros, apartando el libro que el otro tenia en las manos lo dejo sobre el cristal de una mesa de centro -Tanto que muchas damas se escurrían por ti- con el tono de su voz volvía reconfortante el ambiente, casi como un hogar -Una muy en particular ni siquiera se molesto por esconderlo ... si no se tratase de una mujer me le hubiera ido a golpes- Rio, tomando las manos del mayor, se ayudo para colocarse sobre el. Con tranquilidad llevo las manos del demonio hasta su espalda baja y permaneció ahí sentado sobre él, atrapando el torso del demonio entre sus piernas dobladas - ¿Que ocurre? ... - con las yemas de sus dedos acariciaba el cuello y la bien formada oreja del mayor.

Tal vez para muchos lo normal era sentarse a distancia para tener una charla de este tipo, pero para el rubio era la forma de mostrarle su completa atención, preocupación y cuidado. Además de que estando tan cerca de él, el menor quería hacerle sentir bien. Por supuesto su cuerpo reaccionaba ante la cercanía del mayor, sus bocas tenían apenas escasos centímetros de distancia, sus frescos y cálidos alientos se encontraban abrazándose al instante. El menor comenzaba a sentir unas poco soportables ganas de besarlo, no obstante espero.

-Esta es la ultima noche en el barco ... mañana llegaremos al puerto y a toparnos con ese sujeto .. -

¿Era malo desear estar con él? ¿Y mas aun si lo quería? sin embargo no dijo mas, dejo que su cuerpo hablara en lugar que su boca. El cuerpo que descansaba sobre el mayor rogaba por estar mas cerca aun, pero otra parte de él rubio buscaba retirarle de la mente eso que tanto lo mantenía ajeno, y claro, averiguar de qué se trataba.


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Re: Sala de estar, de la mansión Trancy

Mensaje  claude Faustus el Dom Feb 19, 2012 10:36 pm

El mar parecía rugir como un ser vivo, las olas azotaban aquel barco poderoso y elegante con furia, pero dentro de aquel camarote Claude recibía a Alois con una pizca de incredulidad… Alois le estaba llenando de besos y le estaba diciendo cosas que el mayor nunca se habría imaginado, pronto el demonio se sintió como si aquel chico de brillantes ojos hermosos pudiera ver el interior de su mente y sacara a la luz sus ideas y sus sentimientos mas recónditos.

- Te protegeré siempre… siempre.


Fue solo lo que atino a decir mientras Alois lo manejaba a su gusto, él simplemente se dejaba hacer, demasiado impactado por lo que estaba escuchando y sintiendo.

Alguien llamó con insistencia a la puerta y Claude estaba dispuesto a no abrir, pero aquel que estaba afuera no pensaba irse, así que en contra de todo lo que sentía e ignorando las palabras de Alois, se vio obligado a atender.


Alois no estaba en la lista de pasajeros, así que fue imposible para el demonio no visitar al capitán… haberse estado besando de tal forma con su joven amo, le había dejado una extraña sensación de entumecimiento en el cuerpo… esta era la primera vez que se sentía así.


- El joven conde Trancy es bienvenido - había hablado el capitán de barba blanca – seguramente fue nuestro error, ruego que nos disculpe.


Siendo el famoso y adinerado conde Trancy estaba totalmente fuera de consideración negarle la estadía en cualquier sitio, eso Claude lo sabia.


El demonio había resuelto el problema demasiado aprisa, más sin embargo, no volvió de inmediato la habitación… había algo raro en el ambiente, el airé era pesado, “algo va a suceder” se dijo., cerró los ojos poniendo atención, Se lograba escuchar al mar aullar desde abajo, como si acabara de saciar su hambre, Claude sintió un escalofrió poco común en su cuerpo. No era su costumbre pero agradeció a todo lo paranormal por el bienestar de su joven amo, que de ahora en adelante era por y para siempre lo más preciado mientras estuviera pisando esta tierra de mortales.



- “Durante este viaje seré su tutor, espero que no le moleste, pero fue la única manera de arreglar el asunto”- explicó el demonio en cuanto por fin se vio en la tranquilidad de la habitación, acompañado por Alois.- “se arriesgo mucho, al venir aquí” - de a poco el demonio pedía una explicación. - “¿puede decirme que fue lo que pasó?”- pregunto esta vez con una expresión indescifrable, su rostro parecía impasible, desprovisto de emoción. -


El demonio lo sabia, Alois le estaba contando la verdad a medias, y supo que no quería hablar de ello cando manifestó su necesidad de alimento.


Los siguientes días algo le quedo claro a Claude: Alois se estaba comportando como alguien mayor… en sus constantes paseos por el barco solía mirarlo mucho, su físico ya no era tan infantil y también estaba el detalle de que Alois había bebido vino en aquel barco decadente, siendo quien era en ningún momento podía dejar de observar y mantener lejos a la gente que observaba raro a su amo, pero esta vez las cosas eran un poco diferentes… Alois comenzaba a captar las miradas de las féminas en el barco. Alois estaba creciendo demasiado aprisa y aunque el demonio podía percibir cualquier cosa por pequeña que esta fuera, este detalle se le había pasado por entero.



Aquella noche el demonio se sentía intranquilo, bastante inquieto… “algún día Alois tendrá que hacer su vida, algún día deberá conocer a alguna chica y formar una familia con ella, todo eso apegándose rigurosamente a las leyes de la sociedad” Claude sintió un repentino escalofrió de temor, “tal vez aquello de permanecer para siempre a tu lado no lo pueda cumplir” el demonio lo sabia, no podría servirle a Alois si este llegaba a tener una compañera a su lado. Se levantó de la cama, y no pudo hacer más que mirar de cerca al dormido a su lado, “tienes en tu poder a uno de los demonios más sangrientos que existen, y aun así yo te tengo miedo”… “si algún día tu me dejaras yo no podría soportar no poder verte más, te necesito… no se en que momento te has vuelto tan indispensable para mi, te deseo tanto”.

Para Claude respirar nunca había sido una necesidad, pero esta vez sentía que si no lo hacia su pecho explotaría, odiaba que para los humanos el tiempo fuera su más grande debilidad, estaba tan absorto en sus pensamientos que no supo en que momento Alois había despertado, ahora este lo veía sereno. Claude no dijo nada, simplemente le había sostenido la mirada unos segundos y después había vuelto a la cama… cuando se cubrió con las sabanas, se reprendió, esperaba que su silencio no se interpretara como un signo de indiferencia.
La estadía en aquel enorme barco se estaba convirtiendo en algo un tanto incomodo... Claude quería hablar con Alois acerca de aquello que le había pasado, pero el menor constantemente cambiaba el tema, o le daba versiones un tanto alteradas.


Por fin la última noche en el barco se hacia presente y como había pasado las noches anteriores, Alois había querido ir a cenar al salón. El demonio había incursionado en aquella pregunta que le había mortificado un poco últimamente “¿Quién era Driez Hernet? “ Alois no había podido contestarle.



Al mayor realmente no se le pasaba nada y menos cuando se trataba de su joven amo, así que durante la cena en aquel iluminado y gran salón mientras hablaban, se dio cuenta perfectamente de aquella chica castaña de familia noble que no era capaz de quitarle los ojos de encima a su rubio amo… últimamente realmente no era capaz de soportar estos celos enfermizos que le atacaban cada vez que a Alois lo miraban de esa forma.

Claude cerró los ojos con fuerza como intentando protegerse de estos celos enfermizos, los cuales eran totalmente imposibles de matar, o de ignorar siquiera… era un demonio con siglos de experiencia en las artes sangrientas, pero ante tal sentimiento simplemente se sentía como un estúpido humano viviendo experiencias terrenales por primera vez. Realmente ese torbellino de emociones lo estaban volviendo loco de manera lenta y dolorosa.

La música era acompasada, suave y hermosa, los candelabros de cristal pendían de los altos techos haciendo lucir el salón lo más elegante posible, las finas mesas a rebosar de gente noble vistiendo sus atuendos más elegantes por tratarse de la ultima noche en aquel majestuoso barco, y la cena espléndidamente servida pasaban a segundo termino, pues Claude no podía quitarle la mirada de encima a aquella niña que osaba con robarle a Alois… el demonio se reprendió y por larguísimos segundos se sintió estúpido “ este poderoso demonio esta siendo intimidado por una niña de no mas de trece años”

Claude termino saliendo de aquel salón, con algunas palabras susurradas de Alois a su espalda, los celos realmente eran un arma que podía convertirse en la epidemia más cruel que pudiera recordar.

- Disculpe.


¡Perfecto! Lo último que necesitaba estaba ahí detrás de él, luciendo como toda una mariposa exótica enfundada en un vestido largo de seda color violeta.


- ¿puedo ayudarle? – Claude se giró e hizo reverencia a aquella mujer de sedoso cabello negro, sin pensarlo dos veces – esta haciendo frio aquí afuera, le sugiero que regrese al salón. – habló, creyendo que esta había sido la mejor manera de rechazar a aquella mujer, pues en este momento no tenia ganas de absolutamente nada –

- Mi nombre es Bethany Hernet y Lo he mirado durante casi todo el viaje, me he estado preguntando ¿quien puede ser este caballero tan educado? –la mujer tiritó y no se podía decir con exactitud si era debido al frio o a las palabras que acababa de decir -


El plan original de Claude había sido decirle lo más caballerosamente posible que no le interesaba hablar con ella, pero al momento de escuchar su apellido: “Hernet” había decidido hacer un cambio de planes de último minuto. Con gesto galante, se despojó de su saco formal de color oscuro y con él cubrió los hombros de aquella mujer, la cual agradeció el gesto solo con una leve sonrisa y un rubor notorio en sus mejillas.


- Quiero mirar el océano – habló ella sintiéndose más segura de si misma - ¿le gustaría acompañarme?


Claude no contesto pero sus actos hablaron por si mismos. Juntos se dirigieron hasta el otro lado del barco, la mujer no dudo en tomarse posesivamente del brazo de Claude, a lo lejos podían parecer una linda pareja de lo más estable.


- ¿Debo suponer que el señor Driez Hernet es su hermano? – Claude había hablado después de unos momentos, cuando creyó que era prudente –


- Driez Hernet es mi esposo - se acaricio el cabello, el viento marítimo se lo había despeinado y aquello había sido un acto reflejo - nuestro matrimonio fue arreglado hace un par de años, realmente no existe amor entre nosotros. – dijo justificándose- Driez Hernet tiene treinta años más que yo, además de una hija de su segundo matrimonio – resopló pero aunque intento sonreír no pudo más que lanzar una sonrisa sin alegría – no tenemos nada en común.


- Los matrimonios arreglados son crueles – “un demonio hablando de crueldad… que gracioso” pensó–


- Si, así es, pero no pude negarme, la familia Hernet es muy poderosa eso seguramente usted ya lo sabe – la mujer hizo una pausa sintiendo el frio gélido golpeándole con furia las mejillas –pero aunque sabia que los Hernet eran poderosos realmente no tenia idea de cuanto abarcaba aquel poder.


Claude sintió que aquello no podía ser bueno, Driez Hernet había pedido una audiencia con el joven conde Trancy tan pronto tocara tierra.


- He escuchado que tienen puestos importantes en el gobierno.


- Así es – la mujer contestó de inmediato casi sintiéndose orgullosa del apellido en cuestión –son fieles a la reina y también tienen a su cargo toda clase de relaciones internacionales, poco a poco se hacen de más poder… muy a su forma claro. Pero no sigamos hablando de mí, quiero saber de ti también…



- Es tarde, debo volver. - Claude había cortado la frase de la mujer de una forma poco sutil.-


- Pero…


- Un placer Bethy…


Claude sabia lo que quería saber ahora, así que su fase de caballero interesado en mujeres que desean contar sus penas había acabado, con delicadeza retiró su saco de los hombros de Bethany Hernet, después sin decir una sola palabra decidió girar sobre sus talones y así comenzar el camino hasta su habitación.


Se decepcionó un poco cuando al entrar a su habitación Alois aún no estaba ahí… su mirada se poso sobre un estante mediano lleno de libros, decidió tomar uno al azar, y fingir que leía, pero en realidad su mente estaba bastante ocupada con lo que acababa de descubrir.


Casi diez páginas después, el rechinar de la puerta anunció la llegada de rubio.

- La cena fue deliciosa ... pero perdió el sabor cuando te marchaste, Espero que ese libro sea interesante si ocupo mi lugar., ¿Sabes?, Deberías quedarte con ese atuendo ... te miras irresistible, Tanto que muchas damas se escurrían por ti, Una muy en particular ni siquiera se molesto por esconderlo ... si no se tratase de una mujer me le hubiera ido a golpes. ¿Que ocurre? .

Claude decidió relajarse un poco cuando sintió aquel cosquilleo que le provocaba la nariz de Alois sobre su sensible piel, se permitió arrebatar aquel libro y se dejo abrazar por el más joven, poco después extrañó aquella cercanía cuando Alois rodo graciosamente y quedo frente a él, diciéndole aquellas palabras reconfortantes. Momentos después miró como el libro que había estado fingiendo leer, era depositado sobre la mesa pequeña de cristal… un instante después Claude debió hacer uso de todo su autocontrol para permitir que Alois se sentara sobre él y no perder la cordura, al mismo tiempo que resistía a aquellas caricias sobre su oreja.



- No estoy interesado en absolutamente nadie que no seas tu…


El demonio había susurrado aquellas palabras, de manera tan especial que no sabía si Alois lo había comprendido por entero.

- Esta es la ultima noche en el barco ... mañana llegaremos al puerto y a toparnos con ese sujeto ...


Era verdad… mañana estarían tocando puerto y seguramente Driez Hernet les estaría esperando. Claude quedo pensativo por algunos segundos que parecieron eternos, poco después debía decidir entre hablarle a su joven amo acerca de lo que había descubierto hace poco, o corresponder a lo que sus ojos en silencio le pedían… ¿desde cuando se había convertido tan débil a este rubio? Tal vez realmente no había respuesta para aquello, simplemente ahora era débil a él, y lo demás no tenia por que importar.


Despacio y cortando toda posible conversación, acerco sus fríos labios demoniacos a los perfectos y suaves de Alois. Aquel beso fue uno de los más suaves y tiernos que fuera capaz de recordar, sus labios moviéndose entre si, llenando sus cuerpos de calor y disipando sus mentes de cualquier tema de conversación.


Las manos blanquísimas del demonio permanecieron inmóviles en la espalda baja del menor, pero pronto fueron incapaces de quedarse solo ahí… aquellas manos subían por la delgada espalda sintiendo la textura fina de las ropas de su joven amo. El rostro del más joven pronto se fue llenando de un rojo carmín al mismo tiempo que su cuerpo entero se despojaba de toda fuerza.



- ¿lo sientes? – murmuro Claude al oído del menor - ¿sientes ese fuego líquido llenando todo tu cuerpo?



El cuerpo del menor parecía hecho de algún material no solido, aquello se intensificó cuando Claude se lanzó al cuello de este, llenándolo de tenues y fugaces besos. Claude jamás le había dejado una marca a Alois, pero no sabia por cuanto tiempo podría seguir haciendo eso… en un momento que se sintió fuera de si comenzó a succionar la delicada piel de la zona, sintiendo aquella sensación de placer crecer de a poco en su estómago.



Alois se quejó débilmente, pero aquel sonido distaba mucho de ser un gemido de dolor, muy por el contrario aquel sonido incito a Claude a levantarse de aquel sillón, llevándose a Alois entre los brazos, segundos después ya seguían haciendo aquello sobre la mullida cama que había estado utilizando Alois por los últimos días.



El frio del lugar parecía estar tocándolos con fuerza pues ambos comenzaron a temblar mientras aquellos besos y caricias continuaban. Claude se deshizo del incomodo saco, y permitió que Alois le desabrochara la camisa, botón por botón hasta llegar a la altura de la cintura dejando prendado solo el último.



Claude no pudo reprimirse a hacer lo mismo, Alois lo había seguido hasta ahí, arriesgando su propia vida… el temor de perderlo había llegado hasta sus nervios más recónditos, así que ahora no se guardaría nada le demostraría lo importante que era para su fiel demonio mayordomo.



Claude beso cada centímetro de aquel cuerpo blanco, pero aunque rebasaron aquella línea del pudor quedando desnudos sabían que el siguiente paso no podía llegar esa noche, así que después de que Claude verificó que su amo se quedara perfectamente saciado de placer, lo rodeo con los brazos y calmó su respiración a base de caricias suaves y besos tiernos, permitiéndole así tener una de las noches más relajadas que pudiera haber tenido.



*¨¨*¨¨*¨¨



La luz del sol entraba a raudales. Claude tenía mucho que estaba despierto y había preparado todo para desembarcar a media mañana, tenia el desayuno preparado para cuando Alois despertara al igual que su ropa formal para entrevistarse con aquel afamado Driez Hernet…



No sabia que Alois se había agotado tanto la noche anterior, pues un par de horas más tarde el mayordomo debió despertarlo para que tuviera suficiente tiempo para desayunar, arreglarse y parecer despierto cuando tocaran puerto.



- Realmente lo siento… creo que lo agote demasiado – dijo el demonio cuando vestía a su amo poniendo toda la atención en la corbata oscura que estaba anudando con maestría- pero sinceramente, lo volvería a hacer.



Mirando a su amo ya arreglado con la misma fascinación con la que se mira un cuadro hermoso de algún pintor famoso, le otorgó un dulce beso cálido y profundo, dejándose llevar por unos momentos, sintiendo las manos de Alois tirar del borde de sus pantalones, intentando acercarlo sin éxito. Claude terminó el beso con una sensual lamentada sobre los labios del menor.




*¨¨*¨¨



Al desembarcar había un tumulto exagerado, mareas de gente yendo y viniendo sin una organización, Claude estaba bien, pero el más joven comenzó a palidecer.


- Tanta gente junta le esta provocando vértigo ¿no es cierto? – pregunto el mayordomo, pero aunque dijo esto con una sonrisa, no dejo de preocuparse – lo llevare al hotel pronto.


- ¡no es necesario! ¡mi mansión es enorme!


Un hombre bastante mayor de vestimenta elegante y la voz tan melodiosa como la de un instrumento de viento les cortó el paso. Claude lo estudió, su rostro estropeado por el tiempo tenía algo a su favor, aquellos ojos verdes que resplandecían al verlo, su vestimenta en su regordete cuerpo por lo menos era fina, y detrás de él venían dos hombres de mediana edad que parecían ser sus sirvientes. Claude reverenció al hombre inflándole más el ego y habló claro, esperando con todas sus fuerzas no equivocarse.


- Señor Driez Hernet. Un placer conocerlo al fin, mi amo el conde Trancy no se siente muy bien. El viaje fue largo.


El hombre lanzó una carcajada al aire, mientras saludaba con entusiasmo a Alois, pronto les ofreció el carruaje que estaba a unos cuantos pasos.


- El conde es realmente como había esperado que fuera.


Alois había decidido tomar una siesta para recuperarse, así que permitiéndose ser abrazado por Claude se rindió al sueño. Mientras el conde descansaba, el carruaje recorrió aquellos caminos terrosos hasta la mansión Hernet. Claude no perdió oportunidad para hablar con aquel hombre.


- No entiendo lo que quiere decir.


- El joven conde Trancy, es un chico con miles de cosas a su responsabilidad, además su fortuna se extiende hasta más allá de sus fronteras, eso debe saberlo – el hombre le guiño un ojo a Claude – además sus relaciones internacionales, son de las más importantes, siempre me pregunte como es que un niño lograba mantenerse de tal forma.



- Mi amo es una persona muy fuerte.



- Lo se, y con el reciente fallecimiento de Arnold Trancy creí que lo mejor era darle a ese niño un poco más de estabilidad, alguien de su edad y solo no puede sobrevivir en los negocios por mucho tiempo.



- ¿usted intentara establecer negocios con la familia Trancy?



El hombre soltó una carcajada sin importar que el menor estuviera durmiendo plácidamente.


- Si así es como prefiere llamarlo…


- ¿a que se refiere?


- No me andaré con rodeos – el hombre se inclino levemente hacia enfrente y señalo Claude con su arrugado dedo índice – soy un hombre de negocios, eso ya debe saberlo, hace algún tiempo me case con una bella mujer uniendo nuestras fortunas… quiero que este niño se case con mi muy adorable hija, y a cambio yo administrare la fortuna Trancy, hasta que este chico sea lo suficientemente grande como para disfrutarla, Es un magnifico trato., Al conde le conviene, estará prometido con una hermosa niña de apellido reconocido, al mismo tiempo que su fortuna se incrementara casi el doble, y por supuesto trabajara menos, pues yo trabajare por él los próximos cinco o seis años… lo único que quiero es que disfrute su niñez… es demasiado pequeño para estar tan solo.


La fingida ternura con la que hablo el hombre mayor, no logro engañar a Claude, este hombre lo único que quería era incrementar sus propios bienes, extender sus fronteras, hacerse más poderoso.



Detrás de ellos un carruaje igual de lujoso los seguía de cerca, para Claude no fue necesario hablar, pues el hombre habló por si solo.



- Mi esposa Bethany viajaba en el mismo barco que ustedes. Ya quiero que la conozcan.



- Será un placer.

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claude Faustus

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Re: Sala de estar, de la mansión Trancy

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